Noviembre 11th, 2008 at 10:00 pm

Hijos míos, en una aventura todo puede ocurrir…hasta un idilio imposible por el cual aún me sigo cachondeando, cuando lo veo, de cierto camarada del grupo aún vivo…leed, leed…
Las leyendas de un reino hiperbóreo, en el límite norte del mundo, siempre habían circulado entre la gente de dungeons, aunque nunca se había podido probar nada. Uno de los relatos más conocidos era el del legendario Reino del Gran Yuyu, supuestamente erigido sobre la banquisa polar y lleno de oro y riquezas. Continue Reading »
Agosto 27th, 2008 at 6:08 pm

“Hijos míos, en el Mundo Antiguo, antes de que el Cataclismo se lo llevara todo por delante, se celebraban las Gymkanas, una suerte de competiciones deportivas variadas, en las que participaba todo aventurero que se preciara de serlo. Extrañamente, no se ha seguido con esta noble tradición…leed, leed…
Las Gymkanas eran unas competiciones en las que se celebraban diferentes pruebas atléticas y de aventura, nada menos que 20 disciplinas: carrera de obstáculos, torneos, combate con hacha, lanza, espada y escudo, tiro con arco y con ballesta, desactivar trampas, trepar paredes, conjuros defensivos, conjuros de ataque, dungeon en solitario y en grupo, lanzamiento de jabalina, de martillo de guerra, combate naval, ejecución de reos, lanzamiento con catapulta, salto de altura con la armadura puesta y salto de longitud con foso de cocodrilos. Continue Reading »
Marzo 19th, 2008 at 10:35 am
Hijos míos, tuvimos la mala fortuna de dar con Predator, pero no en las circunstancias que pensáis…menudo elemento era éste, en los Días Antiguos. Leed, leed.
Situación: cumpletacos de Evaristo, que hacía 123 y se conservaba como un treintañero (qué potra la de estos elfos, en ese sentido…), y nos había invitado a unas copas en El Trasgo Sarasa, taberna de Balshad, mi tierra, regentada por el bueno de Cipriano. De pronto, cuando ya estábamos medio codificaos, vemos aparecer a un tío como Edgar Davids, pero con la altura de Sabonis y unas mandíbulas de centollo malabar.
- Oye, ¿alguno de vosotros es Evaristo Hojagrís? Es que tengo un regalo de cumpleaños para él - nos dijo, haciendo una pequeña reverencia-.
- Sí, soy yo. Y tú eres Nicanor el Predator, ¿verdad? Te envía Toñi, tu mujer, ¿no? Dale un beso de mi parte. ¿Y el regalo?
- Aquí lo tengo. Me dice Toñi…bueno, no me lo ha dicho ella, pero te lo digo yo: un beso fuerte para el hijoputa con el que puse los cuernos a mi marido, y que sepas que nuestro hijo Anacleto (Predator Jr.), ha nacido extrañamente con las orejas puntiagudas…
Y antes de que nadie pudiera reaccionar, se puso el cornúpeta de repente a lanzarnos proyectiles mágicos a mansalva, y se armó una en el local que te cagas. Logramos parapetarnos tras unas sillas y mesas volcadas, mientras nos preguntábamos que qué le pasaba a éste pollo.- ¿Pero de dónde sale este pirao? - gritaba Segis-.
- ¿Yo qué sé, gilipuertas? - replicaba Satur-, ¡pero viene a dar cera el cabrón!
- ¡Dejaos de cháchara y responded al ataque coooooño! - chillaba yo, cargando mi ballesta como podía-.
Lo peor fue cuando Nicanor se volvió invisible, estos Predator pueden hacerlo, y si no que se lo pregunten a Schwarzenegger. Suerte que la infravisión de Lucinio, pudiendo detectar el calor de los cuerpos aunque sean invisibles, nos salvó el cuello (Evaristo también tenía infravisión, pero se había atrincherado en el lavabo y, probablemente, huido a la calle por el ventanuco, el maricón).
Una certera bola de fuego de Poli, nuestro mago, guiado por los avisos de Lucinio, dio en el blanco, frenando el ímpetu del Predator, aunque por supuesto sin herirlo seriamente ¡estos bichos eran más recios que el cuero! Así que se impuso un momento de negociación:
- Pero vamos a ver, cangrejo rasta, ¿por qué demonios nos atacas a nosotros, si no tenemos nada contra ti? ¡Solucionadlo Evaristo y tú con un duelo en la calle! - Le espetó Avelino-.
- Pues quizá tengas razón…- dijo Nicanor, pensativo-.
- ¡Pero antes me pagas los desperfectos del local, cabronazo! - gritó Cipriano, saliendo como una furia de detrás de la barra-; ¡quiero ver en mi mano ahora mismo 50 monedas de oro o llamo a los alabarderos maderos!
Nicanor hizo un gesto de fastidio, musitando algo entre dientes que no entendimos, pero se sacó una bolsa de sus ropajes y se la dio a Cipriano, que se dio por contento tras ver su contenido.
Así que llamamos al lavabo del local, en donde supuestamente estaba Evaristo, y le dijimos que saliera, para un duelo singular con Predator.
- ¡Un momento! ¡Es que estoy haciendo lo que se hace normalmente en estos sitios, y más cuando te dicen que hay un Predator cornudo esperándote!
Así que salieron a la calle, en un duelo a muerte, el uno frente al otro. Las reglas eran: espalda contra espalda, avanzar 20 pasos, volverse y lanzar un rayo mortal, desenfundando un pequeño bastón mágico. Yo fui el juez, expliqué las reglas y adelante. Ambos avanzaban lentamente, remarcando sus pasos, y a punto estaban de completar los 20 pasos cuando un mensajero, montado en una yegua tipo Vespa, frenó en seco delante de Nicanor:
- Es usted el Predator, ¿verdad? Carta certificada para usted. Firme aquí, por favor.
Interrumpiéndose así el duelo, Nicanor abrió la carta y la leyó atentamente. Los demás esperábamos expectantes, hasta que vimos a Predator tirar la carta al suelo, volverse hacia Evaristo y decirle:
- El duelo queda cancelado. Ya no tengo nada contra ti.
- ¿Y eso? - dijo nuestro elfo, con los ojos como platos-.
- Mi mujer se ha acogido al divorcio exprés. Desde esta mañana, ya no somos marido y mujer, así que…que te vaya bien. Me vuelvo a la selva, un vidente me ha dicho que, en un futuro, mataré marines estadounidenses…no sé qué es eso, pero no suena mal. Adiós.
Y así fue cómo conocimos a Nicanor el Predator…¡Ay, Evaristo, Evaristo, tan recto y honesto que nos parecías a todos, cabrón! Hasta otra, Fot Aël S.”
Marzo 2nd, 2008 at 11:57 am
“Hijos míos, mal rollo si vuestra aventura se convierte en una timba…nunca juguéis a las cartas si estáis de dungeon; leed, leed…
Llegó a nuestros oídos que en La Comarca se habían hallado varias vetas nuevas de oro, en minas ya abandonadas hacía tiempo, y que muchos aventureros se metían en ellas para tratar de sacar algo en limpio. Así que p´allá nos fuimos todos, con Segis haciendo de cicerone:
- Mirad, chicos: aquello es Bolsón Cerrado, aquello Alforzaburgo, aquello el Brandivino…me diréis que no es bonita mi tierra, ¿no?
- Muy hermosa, pero…¿dónde comemos, Segis?
- En el puti que regento con mi primo Eutimio. Es ahí.
Tras comer y echar una canita al aire, salimos en dirección a las minas, en Navas del Trasgo. A la entrada del complejo comenzaron las dificultades:
- Maldita sea, hay que entrar agachados - dijo Evaristo-.
- Habla por ti, espárrago triguero - replicó Lucinio-, que ya era hora de entrar en un dungeon para gente como yo.
Así que, salvo Segis y Lucinio, el resto caminábamos en cuclillas, lo que ocasionaba inoportunas y frecuentes ventosidades - las alubias de La Comarca eran contundentes como ellas solas -, golpes en la cabeza, e ir en fila india debido a la estrechez del lugar. Aquello era como Moria pero tamaño teletubbie. Y para colmo, las trampas: cuchillas, dardos, pendientes por las que resbalábamos y trompazo que te crió…en fin, un infierno y además con la impotencia de no poder casi ni maniobrar
Tras horas de marcha, desembocamos en una amplísima estancia. Con todas las vértebras crujiendo y los músculos agarrotados, nos pusimos en pie cagándonos en todo el panteón en pleno:
- ¡Puto dungeon! Y encima luego habrá que volver por donde hemos venido - exclamé yo, con la misma flexibilidad en mi cuerpo que un espantapájaros-.
- ¡Que te crees tú eso! - retumbó en los muros una potente voz-.
Nos pusimos en guardia como buenamente pudimos, formando un círculo. De repente, un balrog como una catedral nos salió al paso:
- ¡Soy Genserico, el balrog conserje! ¡A ver! ¿Qué coño hacéis aquí?
- Pues buscar tesoros, caballero - dijo Segis-.
- ¡Aquí no hay nada desde hace tiempo! ¡El oro se agotó y los monstruos se fueron!
- ¿Cómo que no hay criaturas aquí? - exclamó Satur-.
- Como te lo cuento. Fíjate si es verdad, que ni siquiera llevo mi espada o mi látigo reglamentarios; tan sólo mi chuzo y mis llaves.
- Entonces, los rumores de que se habían descubierto nuevas vetas de oro…- razonó en voz alta Avelino-.
- Mentira podrida, chavalotes. Un vulgar bulo de aldeanos. Por cierto, ya que estáis aquí, podemos echar un strip-póker, ¿no? Aquí tengo la baraja. Venga, animaos, que estoy muy solo…además, luego os conduzco a la salida. Y podéis pillar tintorro en ese aljibe de ahí.
Siendo como éramos, no hizo falta que se nos convenciera, la verdad: Lucinio barajó y adelante con los faroles.
Maldita la hora en la que se nos ocurrió aceptar; el cabrón ganaba todas las apuestas:
- ¡Juajuajua! Full de ases y treses. Tus botas, enano. A pisar uvas a partir de ahora…
- ¡Jojojojo! Escalera. Tu espada, Avelino. A luchar con los puños o a escupitajos.
- ¡Jajajaja! ¡Trío de reyes! Tu armadura de cuero, Shadowalker. Oye, me gustan tus gayumbos con florecitas…
- ¡Póker de damas! Tu símbolo sagrado, clérigo; a partir de ahora, a expulsar necrófagos a base de cortes de manga…¡jojojojo!
Era humillante. Nos levantó el malnacido todo el equipo, hasta los yesqueros y las escarpias. En paños menores y con las orejas gachas, nos dimos por vencidos y nos condujo a la salida. Cuando nos disponíamos a salir, en medio de sus carcajadas de tahúr, al meterse el juego de llaves en el bolsillo del calzón, de la manga de su cota de malla se le cayeron 4 comodines y 6 ases. Nos miramos durante una fracción de segundo y saltamos sobre él:
- ¡A por él! ¡Cabrón! ¡Tramposo!
- ¡Te vamos a apretar los huevos hasta que se te salten los ojos, timador de mierda!
- ¡Más hostias que el Netolín, vas a recibir!
Vaya paliza que le dimos, y eso que nos dio con el chuzo unos cuantos palos de los de moratón pa 2 meses. Pero al final lo dejamos medio muerto de la tunda, sangrando y molido, y recuperamos todo nuestro equipo. Salimos del dungeon y nos dirigimos a casa.
- Menudo cabrito - dijo Lucinio-, y pensar que me veía ya regresando al pueblo en tanga…
Así que ya sabéis, chicos: nunca aceptéis timbas en pleno dungeon, si no queréis que os pongan en evidencia. Hasta otra, Fot Aël S.“
Febrero 3rd, 2008 at 8:11 pm
“…Cuando el combate se hallaba en un momento delicado - Lorenzo había matado a 2 sardaukar y Paulino a 3, pero hubo que lamentar la muerte de 2 fremen, Genserico y Salvio-, Poli, nuestro miedoso, tartaja y cantaor mago diplomado, lanzó un conjuro de bola de fuego contra nuestros adversarios, friendo a todos menos a Niceto el coronel, el cual salió por patas, se metió en el tóptero y despegó como si tuviera avispas en el culo. Ante tamaña demostración de torería y poder, Paulino y los demás fremen se arrodillaron:
- ¡Es el Elegido! ¡Es el Elegido! - clamaban todos-.
- ¿Có-cómo q-que el E-Elegido? - decía Poli, confundido-.
- ¡Que sí, coño! ¡Que estábamos esperando un Mesías guerrero, pa darle en su grasiento culo a Vladimir Harkonnen, el tirano que nos tiene amargaos! - clamaba Lorenzo-; ¡Y esos poderes mágicos nos revelan que eres tú!
- ¿Poli, un Mesías? ¡Del flamenco vale, pero de un planeta…! - declaró Segis, tratando de poner las cosas en su justo lugar-.
- ¡Que no que no que no! - decía yo, a voz en grito-, ¡que os estáis equivocando, amigos! ¡Poli es un buen tipo, pero de ahí a…!
- ¡Que no hay más que hablar, leñe! - cortó Paulino-, ¡Es el Kwisatz Haderach que esperábamos!
- ¿Que es el qué cojoneeees? - exclamó Lucinio, flipando como todos nosotros-.
- El Kwisatz Haderach.
- Tiene nombre de Uruk - Hai pensionista.
- Calla coño.
En los siguientes días, nos trataron a cuerpo de rey en la guarida fremen, y no digamos a Poli: estaban con él que no cagaban, vamos. Pero claro, esto tiene sus desventajas, como que el rumor se extendió como un Shai -Hulud en una tumbona de playa, y la nueva llegó a oídos enemigos.
En todo Arrakis no se hablaba de otra cosa, y el mismísimo Vladimir Harkonnen había adelgazado 12 kilos del susto. Se paseaba con la tez blanca como la nieve y pasándose compulsivamente un pañuelito por la frente, para secar el sudor frío del miedo que le provocó la noticia:
- Ya la hemos jodido con esas hienas sarnosas del desierto…los sardaukar no quieren volver a enfrentarse contra ese mago…alegan colitis epidémica o días de convenio pa no luchar…Feyd Rautha, mi sobrino, se hace el sueco cada vez que menciono el asunto…el Emperador me fríe a llamadas telefónicas pa preguntarme que qué coño pasa…las Bene Gesserit predicen una Yihad universal en nombre de un Cantaor Tartaja pa pincharme y acojonarme aún más… esto no puede seguir así. ¡A ver! ¡Todas las naves disponibles, a bombardear la zona del Sietch Tabr! ¡12.000 hombres de infantería a formar ahora mismo! ¡Nos vamos a la guerra!
Y claro, de repente, nosotros tan tranquilos en nuestros aposentos, comenzamos a sentir que, en la superficie, estaban arrasando el terreno concienzudamente:- ¡Son los Harkonnen! ¡Habrán oído lo del Mesías y han venido con todo! ¡Están bombardeando a base de bien, pero luego temo un ataque de infantería! - decía Paulino-.
Y así fue: de pronto cesaron las explosiones, y salimos todos, armados hasta los dientes y capitaneados por Paulino y Poli, a la devastada superficie. Tras comprobar los daños, preparamos la defensa; al cuarto de hora más o menos, un imponente ejército se acercó desde el este, desplegándose en torno nuestro. Nos juramentamos solemnemente para resistir, crys en alto.
Y se armó el Belén: un furioso ataque en el que volcaron el infierno sobre nuestras posiciones. Los conjuros de Evaristo y Poli supusieron al principio una gran ayuda, pero al agotarse el número de hechizos que podían hacer, llegó el momento de la lucha cuerpo a cuerpo; y aquí, muchachos, tengo que admirar a nuestros aliados: por cada fremen que caía, morían antes media docena de harkonnen. Vaya máquinas de matar. Lo malo es que la fuerza del número se iba imponiendo, y Lorenzo nos dijo que saliéramos pitando hacia el oeste, que cubrirían nuestra retirada:
- Al oeste hay un “Seven Eleven” para aprovisionaros, y más allá un puticlub que frecuentamos, en la carretera de Tarancón del Shai- Hulud; podéis hallar ahí alojamiento para esta noche…luego, seguid hacia el oeste, hasta Villatreides de Abajo; allí estaréis seguros. ¡Partid ya!
A Poli lo abrazó y le echó un gapo a los pies, para luego darse la vuelta y combatir. Y en plena huida, mirando de vez en cuando hacia atrás para comprobar cómo estaban machacando a nuestros anfitriones y camaradas, nos sorprendió una terrible tormenta del desierto, que nos atrapó y dejó inconscientes; creímos que era el final.
Al despertar, estábamos todos en el desierto, pero no había ni rastro de batalla ni nada; vimos a lo lejos a un beduino, y le preguntamos que dónde estábamos. Su respuesta nos llenó de alivio:
- ¿Que dónde estáis? Pues a las afueras del desierto de Sind, nobles señores…
Así que habíamos vuelto a nuestro mundo, Mystara, tras vivir una de nuestras aventuras más estrafalarias y desconcertantes. Así que ya sabéis, muchachos: cuidado con las tormentas de arena, no vaya a ser que acabéis tomándoos una copa con Darth Vader o charlando de fútbol con Leto Atreides…hasta otra, Fot Aël S.
Enero 29th, 2008 at 11:29 pm
…”En fin, tras arreglar el desaguisado, Lorenzo el Fremen cogió su baliset, Avelino su guitarra y el buen flamenco arrakeen inundó el desierto de duende y jondura:
- Al Duque lo llamaaaan Leto Cacojoneeeees…
- ¡Óle!
- ¡Arsa!
- Porque lo mató Yueeeeh, y ya no tiene obligaciooooneeeees…
- ¡Paaapi!
- ¡Ayayayay!
- ¡Quiyo!
Total, que con la juerga y el cachondeíto, se comenzó a oír un ruido retumbante, que fue a más. Los Fremen se excitaron:
- ¡Un Shai -Hulud! ¡Un Shai- Hulud!
- ¿Qué coño es eso? - dijo Lucinio-.
No hizo falta que nadie respondiera: un gusano como una plaza de Minas Tirith de ancho y más largo que un día sin pan, hizo acto de presencia. Mientras Paulino el Fremen y sus muchachos se arrodillaban, los del grupo dimos un salto, espantados, y formamos un círculo con las armas desenvainadas.
Al mismo tiempo que Lorenzo nos tranquilizaba, diciendo que era una deidad benéfica para ellos, el propio gusanazo rompió a hablar, con voz atronadora pero inteligible:
- ¡Hola, soy el Shai- Hulud de por aquí, me llamo Pepito! ¡Oye, que sigáis tocando esas bulerías cojonudas que os estábais marcando!
Dicho y hecho: de vuelta al sarao, todos dale que te pego al cante, al toque y a las palmas, con el gusano rodeándonos en un perfecto círculo de 360º mientras meneaba su inmenso cuerpo al compás. Lo malo fue que, tras un ratito, unos pájaros rarísimos, como los abejorros de mi Balshad natal pero metálicos, se aproximaron a nuestra posición.
- ¡Unos tópteros! ¡Los soldados del Emperador! ¡A cubierto!
Mientras Pepito desaparecía en un pispás bajo la arena, los Fremen nos llevaron a toda prisa tras unas rocas. Vimos aterrizar a esos tábanos gigantes, y salir soldados de dentro de ellos - cosas más raras hay que ver, por la Hidra-.
Parecían duros y expertos, llevaban unos palos o canutos plateados en las manos, unas espadas en sus vainas y unas corazas llamativas, la verdad. Se dirigieron hacia nuestra posición, en formación de combate:
- ¡Achtung a los Fremen malditos! ¡Soy Niceto, coronel Sardaukar! ¡Rendíos, perros del desierto! ¡Somos el triple que vosotros! ¡O salís a la de 3 o abrimos fuego!
- ¡Anda y que se rinda el cabrón de tu Emperador, maricón! - gritó Paulino el líder-, ¡espera que te vamos a dar pa´l pelo!
A su señal, los Fremen, que además de los cuchillos esos raros llevaban ballestas y rudimentarios arcabuces - algo así como cañones con polvo de trueno, pero en pequeño y portátil-, hicieron una señora andanada que provocó varias bajas en los Sardanas esos, o como se llamasen; claro que ellos respondieron disparando sus canutos plateados, que resulta son como el proyectil mágico de Poli o Evaristo, pero en rojo y brillante, aunque su efecto mortal es el mismo. Total, que se montó un bochinche de 3 narices…”
CONTINUARÁ.
Enero 28th, 2008 at 10:58 pm
Hijos míos, hay veces en las que te pilla un cambio de plano o dimensión, y las aventuras más disparatadas tienen lugar. Leed, leed…
Estábamos buscando un legendario tesoro nada menos que en el Muro de Fuego, el lugar más duro del gran desierto de Sind, cuando nos pilló una tormenta de arena que nos devoró sin compasión, ya que no nos dio tiempo a resguardarnos. Creímos llegada nuestra hora y, bueno, el caso es que, después de un tiempo indeterminado de no ver ni recordar nada, nos vimos en medio del desierto otra vez, todos sanos y salvos.
Tras dar gracias a todo el panteón en pleno por tamaño favor, nos pusimos de nuevo en marcha, y dimos con una pelea multitudinaria entre cantidubi de tipos vestidos de harapos- camuflaje para el desierto, hablando algo parecido al idioma de Ylaruam (arábigo), y tirándose piedras entre sí, con un furor que nos invitó a no tomar cartas en el fregao.
Tras un rato, y esto es lo más raro, se reconciliaron, se sentaron en corro y comenzaron a sacar una especie de guitarras y a cantar (muy mal, por cierto; si no llegamos a estar en pleno desierto, hubiera llovido fijo). Nos vieron, nos saludaron y nos conminaron a acercarnos:
- Venid, hombre, que no nos comemos a nadie. Bienvenidos al Sietch Tabr.
- ¿Al qué coñoooo? - replicó Segis-.
- Al Sietch Tabr de Arrakis, chavales.
- Pero si esto es el Muro de Fuego de Sind - dije yo-.
- No sé qué leches es ese lugar ni dónde está, pero esto es Arrakis, y nosotros somos los Fremen, unos de Villatreides de Abajo y otros de Villatreides de Arriba; por eso nos tirábamos piedras y nos currábamos, es parte del folklore local. Luego sacamos nuestros balisets y a reconciliarnos cantando.
- Un clásico - dijo Satur-.

- Bueno, y vosotros, ¿quiénes sois y de dónde salís, con esas ropas y corazas tan extrañas e inadecuadas para este clima, y esas armas tan primitivas? - preguntó Paulino, al parecer su jefe -.
- Bueno - se adelantó Evaristo, que flipaba con la situación-, somos un grupo de aventureros: Fot Aël el ladrón, Segis el Hobbit, Lucinio el enano, Satur el clérigo, Avelino el guerrero, Poli el mago y yo, Evaristo, el elfo.
- ¿Te metiste las orejas en un sacapuntas, jefe? - preguntó un gracioso, coreándole una carcajada general-.
- Soy un elfo, gañán. Luci es enano y Segis hobbit. El resto, humanos como vosotros.
- Vaya razas más novedosas y raras…bueno, permitidme el saludo de amistad - dijo Lorenzo, el lugarteniente, soltando delante de Lucinio el escupitajo al suelo de saludo y alianza Fremen-.
- Y yo me cago en tu padre y en tu madre - replicó Lucinio-.
Con lo que se produjo un amago de enfrentamiento rápidamente abortado por Evaristo y servidor. Tras tranquilizar a los Fremen, que habían sacado de entre sus atuendos unos cuchillos raros y brillantes - cris, o crys, o cras, creo que se llamaban- a la velocidad del rayo, hablé con el grupo, explicándoles que debía de ser su saludo ritual.
CONTINUARÁ.