Enero 26th, 2008 at 11:24 am
“Hijos míos, no penséis que todo se inventó ayer; también antes del Cataclismo teníamos nuestros adelantos e inventos, y no siempre hacía falta echar mano de la magia para solucionar las cosas…leed, leed el elenco de inventos del mundo Antiguo:
Chubasquero de asedio: éste tuve la fortuna de probarlo en persona, en un asalto a un castillo de orcos en Quintanilla del Hobgoblin. Consistía en un impermeable que te cubría absolutamente todo el cuerpo, incluso con careta para protegerte el rostro, y así, cuando los defensores del castillo nos arrojaban aceite hirviendo, tú ni te inmutabas, y además, el aceite se quedaba adherido a la tela en estado líquido, con lo que podías usarlo luego en las fritangas del rancho.
Flecha piraña: éste era un tipo de flecha muy usado por los nativos de zonas selváticas, y era especialmente temido, hasta el punto de que se dejó de usar, por tratados internacionales para humanizar las guerras. Si te alcanzaba uno de estos virotes, la punta no se te clavaba sin más, sino que súbitamente cobraba vida y te mordía hacia el interior de tu cuerpo, devorándote. Un arma criminal.
[youtube]http://www.youtube.com/v/FugPAJS4ZWg&rel=1[/youtube]
Catapulta de tropas: un invento más bruto que un arao, no en vano lo diseñó un equipo de ogros que eran pacientes de un manicomio de Zor, el país caótico. Estas mentes iluminadas pensaron que, en el transcurso de un combate en masa, era determinante un continuo trasiego de tropas de refresco, para poder combatir bien. ¿Solución? Enviar esos soldados lanzándolos con una catapulta, al lugar donde hicieran falta. Si caían encima del enemigo, vale, pero si no…menudos refuerzos.
Saeta marica: Un tipo de saeta - flecha disparada por una ballesta, para los profanos-, que se teledirigía mediante un sistema de detectores al ojete del objetivo. Los guerreros de Obela, que ya se conocían el percal, llevaban las cotas de malla hasta las rodillas, para evitar que estos dolorosísimos proyectiles lograran su propósito. Los que no se sabían el tema…pues eso.
Manta élfica: para hacerte invisible a todas las miradas. Claro que no siempre funcionaba bien, y se te veía el plumero. Observad lo que pasaba en este caso, (video-palantir abajo).
Castillo hinchable: en Tierras Orientales hubo una época en la que el Rey, Endelecio IV, repartió títulos nobiliarios a mansalva. Como era condición sine qua non poseer un castillo para acceder efectivamente al título, se inventaron los castillos hinchables: en 10 minutos tenías tu fortaleza con puente levadizo, almenas, dos torreones, etc. Los cocodrilos del foso eran opcionales, y la tropa y la servidumbre corrían de tu cuenta. Lo malo era si una flecha kobold se clavaba en tu castillo en algún momento, o si un orco zapador tiraba del tapón…
Así que ya veis, juventud arrogante: no nos chupábamos el dedo. Hasta otra, Fot Aël S.”
Diciembre 26th, 2007 at 12:53 pm
De parte de vuestro yayo favorito, curtido en mil y un dungeons, os deseo unas felices fiestas a todos, y también de parte de Avelino, de Segis, de Satur, de Poli, de Evaristo, de Lucinio, de mi difunta mujer Lutgarda, de mis hijos, de Crisóstomo el bugbear, de Sauron (Oscuro Martínez) señor de Mordor, de mi caballo parlante Urano, de Paneque el minotauro, de Filomeno el ninja, del dragón azul Edgardo Saúl (de la Pampa Rica), de Domiciano Díaz “El Perrenque”, de Gandalf el cantaor, de Saruman el Blanco, de Ignacio el bugbear alcalde de Mazarulleque del Balrog, de Valeriano el alcalde de Antequera del Nazgûl, de Acisclo el general de Villapanete de los Kobolds, de Marcelinho el bandido, de Herculano Balhesta e Lança Matadragôes de Teixeiras, de Sisebuto el Cíclope, de Baldomero el Troll chapero, de Cipriano el dueño de la taberna El Trasgo Sarasa, de Dámaso el balrog cantaor flamenco, y un largo etcétera…FELICES PASCUAS MAJETES.
Diciembre 21st, 2007 at 1:35 pm
Hijos míos, hay veces en las que se te cruza gente muy, muy extraña, por esos caminos de Ilúvatar…leed, leed…
Nos hallábamos en medio de una llanura nevada, de vuelta de un dungeon en donde habíamos logrado hacernos con algunas cosas valiosas, sobre nuestros caballos y buscando un lugar calentito donde resguardarnos, ya que hacía un frío de castigo. Evaristo, elfo ducho en guiarse por medio de las estrellas y las constelaciones, aprovechó que la noche estaba clara para observar el firmamento:
-Ese cometa nos guía por buen camino…probablemente hallemos refugio en algún sitio si la seguimos.
En efecto, al poco rato hallamos una alquería. Tiritando por el frío, llamamos a la puerta, y nos salió un humano rechoncho y sonriente:
- Alojamiento dentro de la casa no tengo, pero si quieren pueden pernoctar en el cobertizo. Hay paja, chimenea y leña, alfalfa para los caballos…por 4 monedas de oro por barba tienen un Bed & Breakfast.
- Hecho, pollo - dijo Segis- aquí está la guita.
El lugar era acogedor, sin duda. Tras encender un buen fuego, nos acomodamos y, la verdad sea dicha, estábamos como reyes. En esto, llaman a la puerta, y Avelino abre; aparecen tres individuos, dos de piel blanca y uno de piel negra, con indumentaria de grandes señores y montados en camellos.
- Buenas noches, honorables señores; me llamo Su Majestad Melchor, y éstos son Gaspar y Baltasar, otros dos monarcas. Buscamos un portal por aquí cerca, para adorar a un niño recién nacido que será un rey de reyes…¿No estará aquí, no?.
- Pues va a ser que no. No hay bebés aquí, ni tampoco mujeres, por desgracia. Pero oigan, ¿no quieren compartir una comida caliente con nosotros, nobles señores?.
Se miraron un momento entre ellos, y acabaron por aceptar. Tras acomodar a sus camellos junto a nuestros caballos, se reunieron con nosotros, recibiendo una cordial bienvenida; Lucinio, el peor cocinero del mundo, estaba preparando un guiso de mondongo aún menos comestible que los que me preparaba mi Lutgarda, pero el caso era comer caliente, ya que hacía un frío de bigotes.
-Y bueno, dicen ustedes que son reyes, pero entonces…¿cómo no traen escolta ni séquito? - preguntó Satur-.
- Bueno - replicó Gaspar, el de barba oscura-, lo de reyes es para ligar. En realidad, somos astrólogos y adivinos.
- ¿A-adivinos? - exclamó Poli- ¿L-leen u-ustedes el fu-futuro?
- Así es, mi tartaja amigo. Si quieres te hago una predicción…
El caso es que, entre la infame sopa de Luci, el calor del fuego y el interés que habían despertado en nosotros con lo de los vaticinios, la atmósfera se animó y acabamos vaciando los odres y petacas disponibles. En un momento dado, mientras Baltasar y Gaspar confraternizaban con nosotros, en duelos de vasitos de licor o en arrancarse por soleares, Melchor se excusó, diciendo que iba a mear. No hicimos mayor caso, pero de pronto, tras volver de aliviarse, le entró una súbita prisa:
- Bueno, Gaspar, Baltasar; hemos de marchar ya a adorar al niño elegido…gracias por vuestra estupenda hospitalidad, nobles amigos.
- ¿A qué viene ese apremio, chavalote? - preguntó extrañado Baltasar a su colega de blanca barba-, aquí se está muy bien y, además, no tenemos presentes para el bebé…espérate a mañana, y compraremos primero algo para ofrecerle.
- Tiene razón, Melchor - intervino Gaspar-, aguarda al alba, por lo menos, que mira qué frío hace ahí afuera.
- ¡Que no, coño! ¡Que nos vamos de aquí a la de ya! ¡Gracias por todo, señores, os deseamos lo mejor!.
Por no organizarla, los otros dos se levantaron, fastidiados y entristecidos, y se despidieron con disgusto; la situación era muy violenta, así que Evaristo y yo, los miembros del grupo con más mano izquierda, replicamos cortésmente y con delicadeza, deseándoles un buen viaje. Lo malo es que, debido a esta súbita espantá, la farra se enfrió sin remedio, y decidimos arrebujarnos dentro de nuestros sacos de dormir y a roncar se ha dicho.
Cuando despertamos la mañana estaba ya avanzada. El dueño de la alquería pasó un momento con un carrito, sobre el que se hallaban unos apetitosos desayunos. Tras reponer fuerzas a dos carrillos, comenzamos a liar el petate y a ensillar los caballos para largarnos. De pronto, un extrañado Lucinio dijo:
- Oye, Fotito, Satur, Segis, ¿dónde coño dejásteis el oro, el incienso y la mirra que obtuvimos del combate con aquellos kobolds, en el dungeon?.
- Estaban ahí, en las alforjas de Urano, ¿no? -dije yo-.
- Aquí no hay nada, chaval - respondió Luci, con el ceño fruncido-, Urano, ¿no habrás…?.
- Ni de coña -replicó mi caballo parlante-.
- ¿El posadero, al traernos el desayuno…? - inquirió Segis-.
- No - cortó Avelino-, no le quité el ojo de encima, y ni siquiera se acercó a las alforjas.
- Pues…pues…oye, ¿no os acordáis de que el de la barba blanca, Melchor, creo recordar, se levantó a mear y luego, al volver, le entraron las prisas para largarse? - dijo Evaristo-.
- ¡Qué cabrón! - exclamamos todos al unísono.
- ¡Menudos videntes! - declaró Satur-.
- ¡Y encima dándoselas de reyes! - añadió Lucinio-.
- Nos han tomado el pelo de mala manera…son más ladrones que yo mismo - dije, cabreado por nuestra ingenuidad-.
Así que ya sabéis, muchachos: desconfiad de los extraños que os traten con cordialidad; casi nunca es oro lo que reluce…
Hasta otra, Fot Aël S.
Diciembre 6th, 2007 at 11:58 am

“Bueno, hijos míos, hay veces en las que uno de los compañeros ha sido herido de gravedad, y hay que interrumpir la aventura para que reciba ayuda médica…leed, leed:
Estábamos en un dungeon de Oon, antes del Cataclismo; tan sólo nos habíamos animado Evaristo, Lucinio y yo, ya que el resto del grupo tenía otros compromisos y no vinieron. Era un dungeon pequeño, facilito por lo que nos habían dicho, y bueno, pa sacarse unas pesetillas de más poniéndole la cara del revés a un par de kobolds…
¡Sí, sí! ¡Eso nos creímos! Al poco de penetrar en la red de pasillos, nos sorprendió un señor bugbear con cara de que le debíamos dinero. Lucha cuerpo a cuerpo al canto, pero el cabrito era todo un experto y sorteaba nuestras acometidas con mucha destreza. Al final, Evaristo le hirió mortalmente en el cuello, pero el bugbear “murió matando”, y le dejó al pobre Lucinio un recuerdo en el brazo derecho, su brazo hábil.
La herida sangraba profusamente, y Luci nos espetó:
- Bueno, ¿a qué esperáis? ¡Venga ya esa poción de curación!
- Yo no las tengo - dijo Evaristo, mientras se palpaba los bolsillos-, las debes de tener tú, Fotito…
- De eso nada. ¿No recuerdas que le pagamos la última ronda de cerveza al posadero, con las pociones curativas, porque no nos quedaba un ochavo en el zurrón?
- Pues la hemos hecho buena…¡a ver, Lucinio! ¡Te vamos a llevar al ambulatorio del pueblo! ¡A ver!

Así que la aventura a tomar por saco, y además a cargar con Lucinio, que no era una sílfide precisamente. Además, se pasó todo el camino insultando al bugbear muerto por haberle herido, con los más gruesos tacos del idioma común. Como se suele decir en castellano, “se puso a insultar que la Corte Celestial subía y bajaba”.
Así que llegamos al lugar, y la herida de Luci que sigue sangrando cual gorrino en la matanza. Nos atiende el enfermero de guardia, Filiberto, un clérigo mulato que nos dijo, ceceando:
- Mala pinta tiene ezo zeñorez…. pareze que la herida pozee algún tipo de veneno anticoagulante, o algo azí…al doctor ahora mizmo o no lo cuenta.
Nos dio un volante de emergencia y pa la consulta del Dr. Isaías Gorgojo (que a tu trancazo no le quita ojo), un enano viejuno, forzudo y malencarado, tipo Lucinio, vamos. Al ir con un pase de emergencia, tuvimos que soportar los improperios de todos los yayos que se hallaban esperando su turno en los bancos. Mientras el enfermero trataba de aplacar los ánimos de la pensionista plebe, nosotros pasamos a la estancia como un rayo.
- ¡Hombre, un paisano de la Montaña del Hierro! ¿Qué te ha pasao, chavalín?
- Una herida con veneno, doctor Gorgojo - dije yo-.
- Vamos a ver eso.
Al cabo de un rato, aplicando conjurillos, hilo de sutura, mejunjes varios, antídotos antiveneno y varias peticiones de silencio a Lucinio, que seguía cagándose en todo lo que se movía, dijo el doctor:
- Pues salvarás el pellejo paisano…pero para estar más seguro, te pondré la antitetánica; nunca se sabe…
Y Lucinio, que le tenía a las agujas un pánico cerval, palideció de miedo y preguntó:
- ¿Es que me va a pinchar, doctor?
- Ya ves, chavalote.
- ¡Ah, nonononono! ¡Eso sí que no!- gritó Luci, revolviéndose en la camilla-.
- ¡Estése quieto, coño! ¡A ver, ustedes - nos dijo Gorgojo-, inmovilicen al paciente, si me hacen el favor!
Pero Lucinio estaba fuera de sí, y cuando fui a cogerle me metió un puñetazo en la mandíbula que aún hoy me molesta a veces al masticar. Nuestro enano, genio y figura, salió corriendo en gayumbos de la consulta, como alma que lleva el diablo, mientras Gorgojo - con la jeringuilla en la mano-, Evaristo, Filiberto y servidor de ustedes corríamos tras él por los pasillos de la casa de socorro.
- ¡A él! ¡Que no escape! - gritaba Gorgojo-.
- ¡Zerrad laz puertaz guahiroz! - exclamó Filiberto el mulato a los seguratas ogros del vestíbulo-.
En esto, Evaristo frenó en seco, se concentró y pronunció un conjuro de cerradura mágica sobre las puertas del ambulatorio, justo cuando un aterrorizado Lucinio se abalanzaba sobre ellas para escapar. ¿Resultado? Las puertas se cerraron de golpe y nuestro enano se dio de narices contra los cristales de las mismas, que por cierto no sé cómo no se rompieron. Aprovechando que Luci quedó atontolinao del bofetón, entre todos lo inmovilizamos y Gorgojo le puso en el peludo pompis una cumplida banderilla antitetánica.
-¡Aaaaaay, cabrones! ¡Me cago en todos vosotros!
En fin, que hay que tener en cuenta, muchachos, que hay que llevar siempre un clérigo en el grupo, para evitar excursiones no deseadas a los ambulatorios. Eso y unas pociones curativas no canjeables por cerveza…hasta otra. ” Fot Aël S.
Noviembre 20th, 2007 at 12:12 pm
“Pues sí, nuestro grupo fue parte de las fuerzas del orden de Balshad…una experiencia corta pero intensa. Leed, leed…
Era un periodo de escasez de dungeons, y la necesidad apretaba; de modo que decidimos por unanimidad incorporarnos al cuerpo de serenos de la ciudad, tras meditarlo en corro en El Trasgo Sarasa, con unos claretes de vicio…juramos el cargo delante de Bartolomé, el alcalde, y de ronda de noche se ha dicho…
Nuestra tarea era ir cerrando los pubs, en la llamada Operación Fin de Guateque. El primero fue El Dragón Rojo, en donde, a cambio de unas monedas de electrum y unas cervecitas, accedimos a que siguiera abierto un ratito más. A continuación, el Gargón Locuelo, el pub pijín por excelencia, nos pasó 15 monedas de oro por barba (y 3 caipirinhas) pa que les dejáramos en paz; idem en La Estirge Cojonera y La Daga de Plata, regados con ron con limón y gin tonic. Y es que no hay como ser funcionario del ayuntamiento para tener un salario en negro, jojojo…
El caso es que íbamos ya bastante trompicaos, con el tema de las bebidas gratis para sobornarnos; llegamos a un punto en el que el escándalo nocturno lo armábamos nosotros, con cantos regionales, exaltación de la amistad e insultos al clero. Así dimos con el último local a chapar, el peligroso La Mantícora, lleno de delincuentes, chaperos y demás basura.
Como nos vieron borrachos, nos atacaron, y nos vimos obligados a defendernos, armando un escándalo descomunal. La pelea en sí era patética, ya que estaban tan cubaos como nosotros, y predominaban los puñetazos al aire y las caídas de bruces por perder el equilibrio. Otro destacamento de serenos apareció por la puerta, con un jefe sobrio y muy serio:
- ¿Qué pasa aquí? ¿Qué es esta pelea?
Y Lucinio, genio y figura (y con una merluza de campeonato), lo arregló con una de sus lapidarias frases, esas que echan gasolina al fuego:
- Nos curramos…¡hics!…pa ver quién es el primero que…¡hics!…se acuesta con tu mujer, pichón…
Con lo que intervinieron en la trifulca ellos también; lo malo era que ellos estaban sobrios, y llevaban unas varas flexibles de esas antidisturbios, que nos midieron las costillas a base de bien a todos. Hechos una mierda y llevados ante nuestro jefe, Don Serafín Gorgojo, el poli que no te quita ojo, nos expulsaron del cuerpo por razones lógicas. Así que ya sabéis, muchachos: la corrupción en el ayuntamiento es algo que siempre ha estado ahí, y acaba siempre mal…
Hasta otra, Fot Aël S.”
Noviembre 3rd, 2007 at 10:35 am
Hijos míos, hay veces en las que hay que saber callarse a tiempo, sobre todo si se está en un ambiente selecto, o cobrando la guita por una aventura…leed, leed…
El Conde Geitêl nos ordenó recuperar un cofre con joyas en un dungeon, en la tierra de Tesk, que los trasgos le habían robado; habiendo tenido éxito en la empresa - rara avis en nosotros-, nos dirigimos a su castillo a cobrar lo pactado. Lo malo era que Satur, Segis y Poli habían contraído unas fiebres, y los dejamos en el hospital municipal, mientras Evaristo, Lucinio, Avelino y servidor de Vds. nos personábamos con el cofre en la fortaleza del noble.

- Bien hecho, mis valientes; aquí tenéis la recompensa, y de regalo extra, unas pociones de velocidad para cada uno. Transmitidles mis felicitaciones a vuestros colegas enfermos. Gracias y buen trabajo, Fot Aël, Avelino, Evaristo y…¿cómo era? ah, sí, Lucinio.
Y en ese fatídico momento, la bocachancla de Pepita, la hija del conde, tuvo que hablar:
- ¡Huy! ¡Se llama Lucinio, el enanín! ¡Vaya nombre más ridículo y pintoresco!
Una fracción de segundo después de decir esto, Avelino, Evaristo y yo nos miramos entre nosotros y palidecimos; y es que nuestro Lucinio era muy buena gente, pero tenía malas pulgas y, si había algo que no soportaba, era que se metieran con su nombre de pila. Por ello, llegó la temida reacción de nuestro enano, que se metió las manos en los bolsillos, sacó pecho, y alzando la voz con tono de chungo, replicó a Pepita:
- Pues me pusieron Lucinio, guapita, porque ése era el nombre del chulo favorito de tu madre…
Gracias a todos los valar y demás deidades, porque las pociones que nos dio el Conde eran de velocidad y no de alguna otra cosa. Nos las tomamos en un abrir y cerrar de ojos, y salimos pitando del castillo, mientras un rugido del noble mandaba disparar a sus arqueros y ballesteros. Como testimonio de la fuga, nos hicimos 35 kilómetros (hasta la frontera de Obela), en 23 minutos. Lo malo fue que Geitêl mandó sacar del hospital y azotar a nuestros compañeros enfermos, el muy c****n, como desquite y compensación por no podernos echar el guante. Así que ya sabéis, hijos míos: hay que saber callarse en determinadas circunstancias, porque si no se te cae el pelo. Hasta otra, Fot Aël S.
Octubre 27th, 2007 at 10:27 am
Hijos míos, no penséis que en el Mundo Antiguo las cosas eran sólo en plan ballesta, tapiz, pólvora…la tecnología estaba mucho más avanzada de lo que pensáis, y se realizaron grandes hazañas…leed, leed…
Los del grupo éramos grandes amigos de Zósimo IV de Oon, un rey rechoncho y simpaticón, as del póker y de la cítara. Un día, habiendo sido convidados por él, estábamos de ágape en su palacio, cuando nos reveló un proyecto ultrasecreto para elevar a su país como primera potencia mundial.
- Chavalotes, mi ingeniero Cosme y mi alquimista Remigia han elaborado un artefacto para volar por el cielo; venid conmigo al patio de armas, que os lo enseño…
Tras la carcajada de rigor, fruto de nuestra incredulidad, seguimos a nuestro monarca favorito y a su ingeniero. En efecto, en pleno patio había una ingente cantidad de cajas de polvo de trueno (pólvora), y sobre ellas, una estructura de madera con una especie de torreón de metal, coronado por un pináculo de porcelana basta.

Todos nos rascamos la cabeza a la vez, pensando “¿Y pa qué coño vale esto?”, abriendo Segis el turno de preguntas:
- Oiga, ¿y pa qué piensa usted usar este armatoste?
- Pa poder explorar los astros, fardar delante de nuestros enemigos y poder espiar impunemente sus movimientos.
- ¿Y eso de CCCP escrito en la porcelana? - inquirió Evaristo-.
- Nuestro grito de guerra, antes de entrar en combate: Cojones, Cabeza, Corazón y P´alante.
- ¿Y esos sacos de trigo y odres de agua? - dije yo-.
- Para el tripulante.
- ¿Va a ir esto tripulado? ¿Y quién está lo bastante mal de la azotea como para osar meterse ahí? - exclamó Satur-.
- Nuestro valiente capitán de la guardia: Yuri Gregorio. No obstante, está todo a medio acabar, así que aún tardaremos un tiempo en probarlo…por cierto, y ya que hablamos del tema: ¿podríais alguno de vosotros echarme una mano con unas cosillas?
- Claro, hombre - dijimos Lucinio y yo al unísono-; ¿qué quiere usted que hagamos?
- ¿Podéis cortar unas cuerdas de agarre que ya no sirven, y clavar unas escarpias para fijar las planchas de metal del cohete?
- Por supuesto.
- Pues hale: coged esa hoz y ese martillo y a currar se ha dicho.
En plena faena, discutíamos Lucinio y yo si el asunto éste era viable. Mi amigo enano era más escéptico que yo:
- ¿Pero tú te crees una palabra de esto? Creo que los tornillos que faltan se han caído de la cabeza de Zósimo.
- ¿Y si funciona, Luci? ¡Pasaríamos a la historia como colaboradores del primer vuelo espacial!
- No me lo creo, chaval…¡Urano! - gritó Lucinio a mi caballo parlante, que estaba fumando cual chimenea-, ¡pásame ese saco con clavos del 15!
Mi jamelgo, más vago que la chaqueta de un guardia, se mosqueó al ver que le interrumpían el relax pa currar:
- Ya va, ya va…¡Ni echarse un piti tranquilo puede uno!
Lucinio, todo buen talante y mano izquierda, entró al trapo:
- ¡Deja de quejarte, coño! ¡Y dame los clavos ya!
- ¿A que te arreo una coz por borde?
- ¡Vete al cuerno, jodío, y dame eso de una vez, penco pulgoso!
- ¡Que te la cargas, mitad de cuarto! ¡Que te la cargas!
- ¿A que te calzo un guantazo, tonto´lhaba?
Y se armó, claro; Lucinio se bajó de la plataforma, se remangó el brazo derecho y le arreó un puñetazo a Urano en el hocico; el pitillo salió volando y fue a caer sobre las cajas de pólvora. Mi caballo respondió al enano con una brutal coz, que incrustó a Lucinio dentro del cohete. Naturalmente, el cigarrillo prendió las cajas, y una serie de explosiones se sucedieron, poniendo al castillo en alerta roja. El pobre Zósimo se tiraba de los pelos:
- ¿Pero qué habéis hecho, cabrones?
Y la gran traca final puso al cohete en órbita, con Lucinio dentro; todos nos quedamos boquiabiertos y maravillados ante el primer vuelo orbital de la historia. Claro que Cosme, el ingeniero, perseguía a un acojonado Urano, espadón en mano, por todo el patio:
- ¡Ven aquí, hijo de la gran p***, que te voy a dar pa´l pelo! ¡Mi labor de más de 4 años al carajo!
Y el pobre Lucinio, aterrorizado, dentro de la cápsula, chillando:
- ¡Uranoooooo! ¡Te matooooo! ¡Uranooooo!
Y así fue el inicio de la carrera espacial en el Mundo Antiguo. Por cierto: 12 días después, unos alpinistas hallaron el cohete, con Lucinio en hibernación en su interior, en la cumbre del Pico Clarete, en Obela. Así que ya sabéis: que no os coman el tarro con lo de la Guerra Fría y la pugna EEUU - URSS. Hasta otra, Fot Aël S.