Danienlared. Lider mundial de “Dune” en español


Noviembre 3rd, 2007 at 10:35 am

Las Cronicas: “No le mentes la bicha…”

» by cauron in: FOT AËL

Hijos míos, hay veces en las que hay que saber callarse a tiempo, sobre todo si se está en un ambiente selecto, o cobrando la guita por una aventura…leed, leed…

El Conde Geitêl nos ordenó recuperar un cofre con joyas en un dungeon, en la tierra de Tesk, que los trasgos le habían robado; habiendo tenido éxito en la empresa - rara avis en nosotros-, nos dirigimos a su castillo a cobrar lo pactado. Lo malo era que Satur, Segis y Poli habían contraído unas fiebres, y los dejamos en el hospital municipal, mientras Evaristo, Lucinio, Avelino y servidor de Vds. nos personábamos con el cofre en la fortaleza del noble.

ENANO

- Bien hecho, mis valientes; aquí tenéis la recompensa, y de regalo extra, unas pociones de velocidad para cada uno. Transmitidles mis felicitaciones a vuestros colegas enfermos. Gracias y buen trabajo, Fot Aël, Avelino, Evaristo y…¿cómo era? ah, sí, Lucinio.

Y en ese fatídico momento, la bocachancla de Pepita, la hija del conde, tuvo que hablar:

- ¡Huy! ¡Se llama Lucinio, el enanín! ¡Vaya nombre más ridículo y pintoresco!

Una fracción de segundo después de decir esto, Avelino, Evaristo y yo nos miramos entre nosotros y palidecimos; y es que nuestro Lucinio era muy buena gente, pero tenía malas pulgas y, si había algo que no soportaba, era que se metieran con su nombre de pila. Por ello, llegó la temida reacción de nuestro enano, que se metió las manos en los bolsillos, sacó pecho, y alzando la voz con tono de chungo, replicó a Pepita:

- Pues me pusieron Lucinio, guapita, porque ése era el nombre del chulo favorito de tu madre…

Gracias a todos los valar y demás deidades, porque las pociones que nos dio el Conde eran de velocidad y no de alguna otra cosa. Nos las tomamos en un abrir y cerrar de ojos, y salimos pitando del castillo, mientras un rugido del noble mandaba disparar a sus arqueros y ballesteros. Como testimonio de la fuga, nos hicimos 35 kilómetros (hasta la frontera de Obela), en 23 minutos. Lo malo fue que Geitêl mandó sacar del hospital y azotar a nuestros compañeros enfermos, el muy c****n, como desquite y compensación por no podernos echar el guante. Así que ya sabéis, hijos míos: hay que saber callarse en determinadas circunstancias, porque si no se te cae el pelo. Hasta otra, Fot Aël S.

Octubre 27th, 2007 at 10:27 am

Las Cronicas: “El primer cosmonauta de la Historia”

» by cauron in: FOT AËL

Hijos míos, no penséis que en el Mundo Antiguo las cosas eran sólo en plan ballesta, tapiz, pólvora…la tecnología estaba mucho más avanzada de lo que pensáis, y se realizaron grandes hazañas…leed, leed…

Los del grupo éramos grandes amigos de Zósimo IV de Oon, un rey rechoncho y simpaticón, as del póker y de la cítara. Un día, habiendo sido convidados por él, estábamos de ágape en su palacio, cuando nos reveló un proyecto ultrasecreto para elevar a su país como primera potencia mundial.

- Chavalotes, mi ingeniero Cosme y mi alquimista Remigia han elaborado un artefacto para volar por el cielo; venid conmigo al patio de armas, que os lo enseño…

Tras la carcajada de rigor, fruto de nuestra incredulidad, seguimos a nuestro monarca favorito y a su ingeniero. En efecto, en pleno patio había una ingente cantidad de cajas de polvo de trueno (pólvora), y sobre ellas, una estructura de madera con una especie de torreón de metal, coronado por un pináculo de porcelana basta.

Todos nos rascamos la cabeza a la vez, pensando “¿Y pa qué coño vale esto?”, abriendo Segis el turno de preguntas:

- Oiga, ¿y pa qué piensa usted usar este armatoste?

- Pa poder explorar los astros, fardar delante de nuestros enemigos y poder espiar impunemente sus movimientos.

- ¿Y eso de CCCP escrito en la porcelana? - inquirió Evaristo-.

- Nuestro grito de guerra, antes de entrar en combate: Cojones, Cabeza, Corazón y P´alante.

- ¿Y esos sacos de trigo y odres de agua? - dije yo-.

- Para el tripulante.

- ¿Va a ir esto tripulado? ¿Y quién está lo bastante mal de la azotea como para osar meterse ahí? - exclamó Satur-.

- Nuestro valiente capitán de la guardia: Yuri Gregorio. No obstante, está todo a medio acabar, así que aún tardaremos un tiempo en probarlo…por cierto, y ya que hablamos del tema: ¿podríais alguno de vosotros echarme una mano con unas cosillas?

- Claro, hombre - dijimos Lucinio y yo al unísono-; ¿qué quiere usted que hagamos?

- ¿Podéis cortar unas cuerdas de agarre que ya no sirven, y clavar unas escarpias para fijar las planchas de metal del cohete?

- Por supuesto.

- Pues hale: coged esa hoz y ese martillo y a currar se ha dicho.

En plena faena, discutíamos Lucinio y yo si el asunto éste era viable. Mi amigo enano era más escéptico que yo:

- ¿Pero tú te crees una palabra de esto? Creo que los tornillos que faltan se han caído de la cabeza de Zósimo.

- ¿Y si funciona, Luci? ¡Pasaríamos a la historia como colaboradores del primer vuelo espacial!

- No me lo creo, chaval…¡Urano! - gritó Lucinio a mi caballo parlante, que estaba fumando cual chimenea-, ¡pásame ese saco con clavos del 15!

Mi jamelgo, más vago que la chaqueta de un guardia, se mosqueó al ver que le interrumpían el relax pa currar:

- Ya va, ya va…¡Ni echarse un piti tranquilo puede uno!

Lucinio, todo buen talante y mano izquierda, entró al trapo:

- ¡Deja de quejarte, coño! ¡Y dame los clavos ya!

- ¿A que te arreo una coz por borde?

- ¡Vete al cuerno, jodío, y dame eso de una vez, penco pulgoso!

- ¡Que te la cargas, mitad de cuarto! ¡Que te la cargas!

- ¿A que te calzo un guantazo, tonto´lhaba?

Y se armó, claro; Lucinio se bajó de la plataforma, se remangó el brazo derecho y le arreó un puñetazo a Urano en el hocico; el pitillo salió volando y fue a caer sobre las cajas de pólvora. Mi caballo respondió al enano con una brutal coz, que incrustó a Lucinio dentro del cohete. Naturalmente, el cigarrillo prendió las cajas, y una serie de explosiones se sucedieron, poniendo al castillo en alerta roja. El pobre Zósimo se tiraba de los pelos:

- ¿Pero qué habéis hecho, cabrones?

Y la gran traca final puso al cohete en órbita, con Lucinio dentro; todos nos quedamos boquiabiertos y maravillados ante el primer vuelo orbital de la historia. Claro que Cosme, el ingeniero, perseguía a un acojonado Urano, espadón en mano, por todo el patio:

- ¡Ven aquí, hijo de la gran p***, que te voy a dar pa´l pelo! ¡Mi labor de más de 4 años al carajo!

Y el pobre Lucinio, aterrorizado, dentro de la cápsula, chillando:

- ¡Uranoooooo! ¡Te matooooo! ¡Uranooooo!

Y así fue el inicio de la carrera espacial en el Mundo Antiguo. Por cierto: 12 días después, unos alpinistas hallaron el cohete, con Lucinio en hibernación en su interior, en la cumbre del Pico Clarete, en Obela. Así que ya sabéis: que no os coman el tarro con lo de la Guerra Fría y la pugna EEUU - URSS. Hasta otra, Fot Aël S.

Octubre 20th, 2007 at 1:27 pm

Las Cronicas: “Daniel, el astrólogo fiel”

» by cauron in: FOT AËL

Hijos míos, hoy es un día de celebraçâo por las diez mil visitas en la bitácora del jefe…por ello, os contaré la peripecia que pasamos el grupo y yo con Daniel, el astrólogo fiel. Leed, leed…

Estábamos en Darokin todo el grupo de farra, pues teníamos días de convenio y sólo podíamos coincidir en esas fechas. Entre puticlubs, saraos, juergas y demás actividades de esparcimiento, se añadió una nota intelectual: Daniel, el cuñado de Avelino, nos recibió en su estudio de predicciones y nos vaticinó unas cuantas cosas. Por cierto que llevaba una túnica negra con estrellitas, cometas, constelaciones en fosforito…gorro incluido.

DANIEL

- Pasad, pasad, nobles amigos…soy Daniel, el astrólogo fiel (en los vaticinios que hago, claro). Aquí Lino, mi cuñaaaao, me ha dicho que comparte aventuras con vosotros. Todos tenéis derecho a hacerme una sola pregunta, y a decirme con qué método queréis que os la conteste, así que pensadla bien.

- ¿Y el precio de la minuta? - pregunté yo-.

- Hombre, por ser los colegas de Lino, unas cañas y unas gambas con gabardina en “El Gargón Locuelo”.

- Hecho, pollo - apostilló Segis-.

Pasados unos minutos, Evaristo rompió el hielo:

- ¿Llegaré a ser un mago de nivel alto? Dímelo con el tarot.

Daniel echó los naipes, mientras mascullaba entre dientes lo que le iba pareciendo la cosa, y al final declaró:

- Serás más poderoso de lo que ahora eres, pero no llegarás a maestro.

- ¿Y eso?

- El tribunal que te hará el examen de conjuros es conservador, y tú eres socialista. Y lo saben.

- Qué putada - dijo Evaristo, y se quedó callado y taciturno-.

Satur fue el siguiente:

- ¿Me casaré con la abadesa Clotilde, de mi orden religiosa? Dímelo con las runas.

Daniel esparció las piedras mágicas, las ordenó y dijo:

- Tendrás una breve, fogosa y apasionada aventura con ella, pero nada más. Se casará con el Cardenal Clooney, el guaperas oficial de tu orden.

- ¡Joder! - exclamó Satur, fastidiado-, aunque bueno…si voy a tener una aventura, menos da un pedrusco.

Segis tomó la palabra:

- Chavalote, dime si heredaré el puticlub de mi familia o se lo quedará mi cuñado Anselmo. Dímelo por la posición de los astros.

Daniel cogió el telescopio marca Galileo, se puso a mirar un rato el cielo y dijo:

- Ni pa ti ni pa él; el edificio arderá en un devastador incendio, y no tenéis seguro. Por cierto, el incendio será intencionado.

- ¿Quién será el cabrón?

- Rosita Coto, la mujer de Samsagaz Gamyi, harta de que éste le ponga cuerno sobre cuerno con las zorras del local.

- Jó dó….

Avelino rechazó preguntar algo, ya que bastantes predicciones le hacía ya su cuñado habitualmente. Por ello, Poli hizo una pregunta de profundo calado:

- ¿M-me re-reconocerá Sa-Saruman como hi-hijo suyo y heredaré I-Isengard? Dí-dígamelo con los posos del café.

A tal efecto, Daniel se tomó un cortadito tipo funcionario y observó lo que había en el fondo de la taza, para acabar diciendo:

- Te reconocerá como su hijo, sí, pero no te legará nada. La herencia será para Rûlf, su fulano Uruk-Hai. Por cierto, para difamarte aún más esparcirá el rumor de que eres maricón, además de tartaja.

- P-Pero qué m-malnacido el p-puto ba-barbudo este. Después d-de to-todos estos a-años…y dejó de hablar porque se le hizo un nudo en la garganta. Mientras Satur y Evaristo trataban de consolarle, Lucinio y yo nos miramos, conscientes de que sólo restaban nuestras respectivas preguntas. Nuestro buen enano habló primero:

- ¿Lograremos algún día pescar algún tesoro digno en algún dungeon del mundo? Dímelo con la bola de cristal.

Todos callamos, ya que ésta era la pregunta capital, la razón de ser de nuestras andanzas. Daniel contempló la bola y dijo:

- Obtendréis grandes ganancias en Tierras Rotas e Ylaruam, pero os las puliréis en los burdeles y tabernas.

- Pues qué novedad -exclamamos todos al unísono, desalentados por ver que no teníamos remedio-.

- Bueno, Fotito, tan sólo quedas tú. Di algo, anda.

- ¿Qué será de los 3 hijos que me quedan? A los otros 3 se los llevó el Cataclismo. Dímelo con lo que te dé la gana, pero dime algo bueno…

Daniel decidió emplear un conjuro de adivinación, y tras unos minutos de estar en trance dijo:

- Evelia acabará de auxiliar administrativo en Soderfjord, Tecla se casará con un noble de Glantri y Valeriano seguirá con el Artificio, acabando sus días rico por una quiniela de la que será el único acertante.

- ¡Óle mi niño! Lo de mis hijas, pase…unas remilgadas como su madre, Lutgarda.

- Ahora que lo dices, veo que tu mujer intentará pegártela con Ignacio, el alcalde Uruk-Hai de Mazarulleque del Balrog.

- ¡Me cago en su alma! - estallé-, ¡ y va y me pone los cuernos con el mamarracho ese!

- ¿Y tú no se los pones a ella constantemente, desgraciao? - replicó Daniel, molesto por mi reacción-.

- ¡Eso es distinto, mago barbudo de vía estrecha! ¡Eso es desfogarme tras las penalidades de un dungeon! ¡El descanso del guerrero!

- Sí, sí…- contestó serenamente Daniel, soltando una risita entre dientes y enarcando las cejas, mientras Lino y Poli me calmaban-.

Así que eso fue todo, y tras invitarle al “Gargón Locuelo”, nos despedimos y nos fuimos de dungeons. Así que ya sabéis: de vez en cuando, un poco de ayuda de videntes, oráculos y demás no viene mal. Hasta otra, Fot Aël S.