
(Cronica de la partida por Fot Aël en La Intentona). La partida del pasado domingo 30 fue pródiga en acción y satisfacciones: nuestros personajes lograron matar al general Thorsten, tras un corto trayecto hasta su cámara (ya sabían, por la partida anterior, dónde se hallaba). El combate fue breve y cruento, no sin antes haber tropezado con parte de la guarnición – humanos malignos, trasgos, kobolds, orcos y demás hierbas-, a la que se doblegó en una serie de escaramuzas en las que las armas de proyectil, los conjuros y los espadazos se combinaron bien.
Las anécdotas del dungeon fueron la gran cantidad de ciempiés gigantes hostiles que atacaron a nuestros héroes, los encuentros con zombies – despachados por Darrok el clérigo-, y el rescate y asistencia de humanos aventureros por otro: al mago que recogimos en la pasada sesión, se unieron un clérigo y un ladrón, que accedieron a salir juntos del dungeon, ya que, según sus palabras, estaban solos y con miedo tras haber perdido a una parte de su grupo. Les dimos algo de comida y se fueron.
A nivel jugadores, Xena fue la que tomó la decisión más importante de la partida, al decidir continuar en el dungeon para acabar de explorarlo enteramente, en vez de salir corriendo hacia Corunglain, la ciudad de la que salimos, para cobrar la recompensa por las cabezas de Thorsten y Bluodan, los jefes de los bandidos ejecutados. Esto dio lugar a enfrentamientos ulteriores con serpientes – que son como las cervezas, unas sin y otras con (veneno)-, arañas gigantes, estirges (pájaros-vampiro), el siempre peligroso oso lechuza, más mercenarios diseminados por el dungeon, trampas deslizantes- Arwen la elfa se comió una-, géiseres con mala leche…en fin, una sesión entretenida.
En lo referente a los combates, el grupo en general muy bien: llamó la atención la profusión de armas de proyectil utilizadas, Arwen y Aglarond gastaron flechas y virotes a granel y Darrok echó mano muy a menudo de la honda; los conjuros también tuvieron su protagonismo, en especial parálisis y sueño (para los grupos de soldados mercenarios), y proyectil mágico (contra poderosos adversarios individuales). Las curaciones se quedaron algo cortas, ya que los muchos combates en melée se cobraron su precio en sangre, y quizás se echó en falta alguna que otra poción curativa más. Quizás el peor fue Glóin el enano, muy fallón en la primera parte de la partida, aunque luego cumplió bien, mientras que Morwail el guerrero fue de menos a más; el resto cumplieron expediente, aunque a veces las pedradas de la honda de Darrok acabaron donde no debían (el famoso fuego amigo).
El tesoro fue suficiente pero no abundante, y los dados nos maltrataron: gemas y joyas no faltaron – aunque las primeras resultaron ser, en su mayoría, de muy poco valor-, y el oro llegó en pequeñas cantidades. En los objetos mágicos la suerte nos fue esquiva: espadas mágicas malditas, pociones curativas malditas…muy mala fortuna, de verdad.
Ahora toca lo bueno: regresar a Corunglain a coger fuerzas, cobrar la recompensa, enterarse de cómo van las cosas por las Tierras Rotas – el asedio de El Puercoespín, el castillo caótico objetivo de nuestra misión-…la próxima será una jornada especial por varias razones, lo prometo. ¡Espada y conjuro!



































