
Es domingo, y la campana rajada de San Antonio anuncia el final de misa de doce. Toda la ciudad que cuenta, o que lo pretende, esta presente: nobleza, alto comercio y buena sociedad, emigrados de postin, oficiales del Ejercito, la Real Armada y la milicia local. El taxidermista tiene ideas propias sobre el espectaculo que presencia. Es hombre de ciencia y libros, o se estima como tal. Eso le despoja la mirada -analitica, fria como los animales inmoviles de su gabinete- de cualquier benevolencia.
Las palomas que desde su terraza tejen, o ayudan a ello, una red de rectas y curvas sobre el mapa de la ciudad, se contraponen a todos aquellos faisanes y pavos que despliegan la cola, recreados en la vileza de su mundo corrupto, caduco, condenado por el curso inexorable de la Naturaleza y la Historia. Gregorio Fumagal tiene la certeza que ni siquiera las Cortes reunidas en San Felipe Neri cambiaran las cosas. No es de una futura carta magna, hecha en buena parte por clerigos -la mitad de los diputados lo son- y por nobles adictos al antiguo regimen o salidos de el, de dondre vendra la mano que lo barra todo.
Por ese camino, con Constitucion o sin ella, lo disfracen como lo disfracen, el español seguira siendo un cautivo degradado, desprovisto de alma, razon y virtud, a quien sus inhumanos carceleros jamas permiten ver la luz. Un infeliz sometido sin reservas a hombres iguales a el, que su estupidez, indolencia o supersticion le presentan ungidos por un orden superior: dioses sobre la tierra, armiño, purpura, negros de mantos y sotanas, que siempre aprovecharon el error del hombre, bajo todos los soles y latitudes, para esclavizarlo, volverlo vicioso y miserable, corromper su heroismo y su coraje…
…Fumagal, hombre de lecturas extranjeras comprometidas, opina que España perdio la ocasion de una guillotina en el momento adecuado: un rio de sangre que limpiase, acorde con las leyes universales, los establos pestilentes de esta tierra inculta y desgraciada, siempre sujeta a curas fanaticos, aristocratas corruptos y reyes degenerados e incapaces.



































