
“Hijos míos, el tema de la vivienda no ha sido nunca un problema gordo en el mundo de Mystara (con una cabaña o una choza vas que ardes), pero el de que te adjudiquen un dungeon para saquear… ¡buuuf! Leed, leed…
Situación: Zeaburg, ciudad norteña de la República de Ostland; salón de plenos del Ayuntamiento, hasta arriba de gente aventurera porque era el sorteo anual de DPO (Dungeons de Protección Oficial), y la tensión era tal que el aire se podía cortar con un cuchillo. Humanos fumando, bugbears fumando, orcos fumando, servidor fumando, Lucinio el enano fumando, Avelino el guerrero fumando…y es que, en esos años de crisis económica, los aventureros no iban al primer dungeon que les daba la gana y se metían por las buenas allí a dar espadazos, no: los gobiernos te adjudicaban por sorteo 4 DPOs, por los cuales tenías que pagar unas 2.000 monedas de oro anuales por grupo, al gobierno municipal de donde estuvieras empadronado (una tela larga, pero si querías meterte en un dungeon privado, la cosa se te ponía en 1.800 por aventura, por lo menos), certificando, para poder entrar en el concurso, que tenías antecedentes penales (una persona sin ellos no podía participar). Al cumplir de sobra esa minucia de requisito, estábamos allí a la espera de que apareciera el alcalde de Zeaburg, Egill Mandoblesson, y el tribunal del sorteo con el bombo y las 1.567 bolas con los dungeons públicos disponibles.
Seríamos unos 2.000 aventureros venidos de todo el continente de Brun, de todo alineamiento, raza, pelaje y condición, y tuvimos ocasión de saludar a viejos conocidos: Crisóstomo el caudillo bugbear, que vivía en Tierras Rotas de alquiler, con una pensión de 45 monedas de oro mensuales - qué vergüenza, esa miseria para un general glorioso como él-; Cosme, el guerrero con más condecoraciones de todo Brun, oriundo de Ethengar, que vivía en su yurta con su anciana madre y un rebaño cabras; Eulalia, la hidra de mar del puerto de Norrvik, amiga del clan Shadowalker, con la que charlé en su idioma (venía dentro de una gigantesca pecera de agua salada, custodiada por orcos, y se quejaba de ciática la mujer). Y cómo no, aplauso general y con todo el cariño del mundo cuando entró en la sala (apoyado en un bastón y con gesto cansado, el pobrecillo), el venerabilísimo Celestino, el último balrog que quedaba en todo el planeta, último testigo de Beleriand, Melkor, Sauron, los Silmarils, las guerras del Anillo…inmediatamente, hicimos corrillo para estrecharle la zarpa, y preguntarle por él mismo y por el glorioso pasado de los Días Antiguos:
- ¡Pero Don Celestino! ¿Cómo usted por aquí, hombre de Ilúvatar? - exclamó nuestro elfo Evaristo, conocido suyo-.
- Pues ya ves, hijo, de mero espectador, pero me gusta asistir a estas cosas. A dos semanas de cumplir 25.678 añitos, poco más hay que hacer, ¿no?. Los jóvenes somos así…
- ¿Es cierto que Sauron no dejaba propinas? - inquirió Satur, nuestro clérigo-.
- Era más agarrao que una gripe crónica, el jodío. Podía haber aprendido de su maestro Melkor, ése sí que dejaba un buen dinero en la bandejita…
- ¿Es verdad que participó en el saqueo de Gondolin? - preguntó Segis, nuestro hobbit-.
- No, me pilló de permiso, estaba de camping con la parienta. Donde sí estuve es en la batalla de las Lágrimas Innumerables, la Nirnaeth Arnoediad dicho en finolis. Cómo nos lo pasamos de bien machacando Noldors, con todos mis respetos por los elfos que me estáis escuchando…
- Agua pasada no mueve molino - zanjó Evaristo, nuestro elfo-; además, siempre se ha rumoreado que Turgon era algo trucha y Fingolfin un bebe-sin-sed.
- Lo de Turgon no creo, enviudó pronto y pasó de las hembras, eso es todo. Lo de Fingolfin me lo creo más, el tintorro y las faldas le iban más que a un cerdo un charco.
Bueno, volviendo al tema: al fin aparecieron Mandoblesson y el tribunal, y la mano inocente fue un orco asesino a sueldo, que sacó las bolas con un pañuelo tapándole los ojos. Éramos el número 191, y podíamos quedarnos perfectamente sin dungeons: 2.000 aventureros para hacer un total de 890 grupos, y 1.567 dungeons a razón de 4 por grupo, en exclusiva y sin compartir. Estaba cara la cosa. Naturalmente, los primeros agraciados fueron los enchufaos, cómo no: el grupo de Fátima, la ladrona hija de la alcaldesa de Biazzan- más tonta que el asa de un cubo, pero tenía un buen polvete, eso es verdad-; el grupo de Nicodemo, clérigo sobrino del vicealcalde de Akorros; el grupo de Amós, galante guerrero y amante oficial de Pitina, la reina de Ierendi (el Rey Damián VI tenía la cabeza como un perchero de tantos cuernos)… la mafia de toda la vida, vamos. El caso es que se iban adjudicando dungeons, saliendo números y nosotros, tururú pajarito. Cuando ya habíamos agotado los cigarrillos, cuando ya las pitilleras estaban vacías, las uñas comidas y las suelas de las botas desgastadas de tanto dar vueltas, resonó en la sala:
- ¡El 191!
Menudo alarido de alegría y menudos saltos que dimos: para el siguiente año, ya teníamos curro, nada de buscarnos la vida de conserjes, serenos, puteros o buzoneadores de castillo a castillo. Elegimos 4 DPOs majos, a saber: una red de cavernas en Heldann, una incursión marítima al archipiélago de Thanegioth, una fortaleza en el desierto de Ylaruam y ayudar en un asedio a un castillo del Ducado de Karameikos. Pagamos las 2.000 del ala, nos dieron la licencia escriturada y las llaves para abrir los dungeons y…¡aaaah, el sabor de la aventura! Así que ya sabéis, hijos míos: la suerte o la falta de ella pueden determinar muchas cosas, en un momento dado…Hasta otra”, Fot Aël S.




































¿De que me sonara a mi una situacion parecida?…
Quiero aprovechar para felicitar a Fot Aël, ya que su blog “La Intentona”, ha alcanzado las 50000 visitas.
Enhorabuena!!!!