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Julio 6th, 2008 at 6:30 am

Las Cronicas: El Perrenque (II)

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“Al poco de estar Domiciano ya de mandamás en su cuartel de El Espinar de la Mantícora, al pie de las montañas del León Dormido -con un Saruman que desertó a las filas del Caos, y con el que el Perrenque no congenió demasiado-, estallaron las Guerras Sobrias.

Las Guerras Sobrias (libradas entre los años 900 - 894 antes del Cataclismo), fueron una serie de luchas intermitentes entre tropas regulares de las Tierras Orientales, por un lado, y hordas del Caos, por otro. ¿El motivo? la Ley Seca decretada por el rey Abdón V. Todos los alambiques fueron destruidos, todas las tabernas clausuradas, y el alcohol se convirtió en algo más preciado que el oro o la plata. El tema era que la cantina del Dragón Verde, dentro del cuartel del 71 de Intendencia, donde mandaba Domiciano, era el único puesto con un alambique ilegal en 500 km2. Por ello, las hordas de trasgos, orcos y gnolls señalaron ese objetivo como prioritario.

El asedio del cuartel

Poco tardaron esos monstruos en someter a la guarnición a un implacable asedio, en proporción de 4 a 1 para los servidores de Sauron, que por cierto mostró un vivo interés en capturar el enclave y su alambique, y siguió las operaciones atentamente.

Tras dos semanas de sangrientos asaltos con arietes, troneras, torres y escaleras, los orcos no lograron nada; por parte de los defensores, Domiciano ordenó una resistencia a ultranza, alentada sobre todo por el hecho de ser un cuartel de Intendencia, y tener agua y comida de sobra para resistir. Se imponía una bandera blanca y una negociación por ambas partes. Así, Crisóstomo, el legendario caudillo bugbear, se adelantó sobre su caballo negro y se plantó ante las robustas puertas, demandando diálogo:

- ¡Eh, Domiciano Díaz del demonio! ¡Quiero hablar contigo!

- ¡Te escucho, flacucho!

- ¡Danos mil litros del licor que fabricáis y te juro por Ilúvatar que levantamos el asedio!

- ¡Tus promesas son más falsas que una moneda de madera! ¡Anda y que te den!

- ¡Sauron y Saruman en persona nos han mandado refuerzos! ¿Quieres que os asaltemos y aniquilemos?

- ¡No tienes lo que tienes que tener! ¡Y Sauron tampoco! ¡Y Saruman es un traidor renegado! ¡Aquí os esperamos a pie firme!

Con lo cual, vuelta a la batalla. Lo malo era que lo de los refuerzos era verdad, y los combates se recrudecieron, dejando a los defensores en una situación límite. Las puertas del acuartelamiento fueron derribadas con un enorme ariete, y comenzó la lucha cuerpo a cuerpo. Poco a poco, las hordas de monstruos iban aplastando a los hombres de Domiciano, que a pesar de su valor y resistencia iban cayendo como chinches. Por ello, el Perrenque montó sobre su caballo blanco, lanzó 4 antorchas encendidas contra la cantina y salió pitando por el portillo que daba a la barbacana. Así, las hordas arrasaron el cuartel y mataron a toda la guarnición, pero se quedaron sin alambique y sin alcohol; y Domiciano puso pies en Polvorosa y llegó a Ax-Erta, la capital, donde fue elogiado por su acción.

Cuentan que Saruman, por esa infamia de quemar la cantina con el alambique de modo tan rastrero, juró odio perpetuo a Domiciano; y se dice también que Sauron -con la garganta más seca que el lecho de un arroyo en verano y a régimen de agua mineral de Minas Morgul-, cuando recibió la noticia, se sentó en su trono, se quitó el yelmo con ambas manos y lo comenzó a morder, llorando de indignación y de rabia.

Nuestro protagonista fue justificado por Abdón V y promovido a comandante de infantería por su valor.”


 

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