
“Bueno, hijos míos, hay veces en las que uno de los compañeros ha sido herido de gravedad, y hay que interrumpir la aventura para que reciba ayuda médica…leed, leed:
Estábamos en un dungeon de Oon, antes del Cataclismo; tan sólo nos habíamos animado Evaristo, Lucinio y yo, ya que el resto del grupo tenía otros compromisos y no vinieron. Era un dungeon pequeño, facilito por lo que nos habían dicho, y bueno, pa sacarse unas pesetillas de más poniéndole la cara del revés a un par de kobolds…
¡Sí, sí! ¡Eso nos creímos! Al poco de penetrar en la red de pasillos, nos sorprendió un señor bugbear con cara de que le debíamos dinero. Lucha cuerpo a cuerpo al canto, pero el cabrito era todo un experto y sorteaba nuestras acometidas con mucha destreza. Al final, Evaristo le hirió mortalmente en el cuello, pero el bugbear “murió matando”, y le dejó al pobre Lucinio un recuerdo en el brazo derecho, su brazo hábil.
La herida sangraba profusamente, y Luci nos espetó:
- Bueno, ¿a qué esperáis? ¡Venga ya esa poción de curación!
- Yo no las tengo - dijo Evaristo, mientras se palpaba los bolsillos-, las debes de tener tú, Fotito…
- De eso nada. ¿No recuerdas que le pagamos la última ronda de cerveza al posadero, con las pociones curativas, porque no nos quedaba un ochavo en el zurrón?
- Pues la hemos hecho buena…¡a ver, Lucinio! ¡Te vamos a llevar al ambulatorio del pueblo! ¡A ver!

Así que la aventura a tomar por saco, y además a cargar con Lucinio, que no era una sílfide precisamente. Además, se pasó todo el camino insultando al bugbear muerto por haberle herido, con los más gruesos tacos del idioma común. Como se suele decir en castellano, “se puso a insultar que la Corte Celestial subía y bajaba”.
Así que llegamos al lugar, y la herida de Luci que sigue sangrando cual gorrino en la matanza. Nos atiende el enfermero de guardia, Filiberto, un clérigo mulato que nos dijo, ceceando:
- Mala pinta tiene ezo zeñorez…. pareze que la herida pozee algún tipo de veneno anticoagulante, o algo azí…al doctor ahora mizmo o no lo cuenta.
Nos dio un volante de emergencia y pa la consulta del Dr. Isaías Gorgojo (que a tu trancazo no le quita ojo), un enano viejuno, forzudo y malencarado, tipo Lucinio, vamos. Al ir con un pase de emergencia, tuvimos que soportar los improperios de todos los yayos que se hallaban esperando su turno en los bancos. Mientras el enfermero trataba de aplacar los ánimos de la pensionista plebe, nosotros pasamos a la estancia como un rayo.
- ¡Hombre, un paisano de la Montaña del Hierro! ¿Qué te ha pasao, chavalín?
- Una herida con veneno, doctor Gorgojo - dije yo-.
- Vamos a ver eso.
Al cabo de un rato, aplicando conjurillos, hilo de sutura, mejunjes varios, antídotos antiveneno y varias peticiones de silencio a Lucinio, que seguía cagándose en todo lo que se movía, dijo el doctor:
- Pues salvarás el pellejo paisano…pero para estar más seguro, te pondré la antitetánica; nunca se sabe…
Y Lucinio, que le tenía a las agujas un pánico cerval, palideció de miedo y preguntó:
- ¿Es que me va a pinchar, doctor?
- Ya ves, chavalote.
- ¡Ah, nonononono! ¡Eso sí que no!- gritó Luci, revolviéndose en la camilla-.
- ¡Estése quieto, coño! ¡A ver, ustedes - nos dijo Gorgojo-, inmovilicen al paciente, si me hacen el favor!
Pero Lucinio estaba fuera de sí, y cuando fui a cogerle me metió un puñetazo en la mandíbula que aún hoy me molesta a veces al masticar. Nuestro enano, genio y figura, salió corriendo en gayumbos de la consulta, como alma que lleva el diablo, mientras Gorgojo - con la jeringuilla en la mano-, Evaristo, Filiberto y servidor de ustedes corríamos tras él por los pasillos de la casa de socorro.
- ¡A él! ¡Que no escape! - gritaba Gorgojo-.
- ¡Zerrad laz puertaz guahiroz! - exclamó Filiberto el mulato a los seguratas ogros del vestíbulo-.
En esto, Evaristo frenó en seco, se concentró y pronunció un conjuro de cerradura mágica sobre las puertas del ambulatorio, justo cuando un aterrorizado Lucinio se abalanzaba sobre ellas para escapar. ¿Resultado? Las puertas se cerraron de golpe y nuestro enano se dio de narices contra los cristales de las mismas, que por cierto no sé cómo no se rompieron. Aprovechando que Luci quedó atontolinao del bofetón, entre todos lo inmovilizamos y Gorgojo le puso en el peludo pompis una cumplida banderilla antitetánica.
-¡Aaaaaay, cabrones! ¡Me cago en todos vosotros!
En fin, que hay que tener en cuenta, muchachos, que hay que llevar siempre un clérigo en el grupo, para evitar excursiones no deseadas a los ambulatorios. Eso y unas pociones curativas no canjeables por cerveza…hasta otra. ” Fot Aël S.




































QUE CONSTE QUE ESTO ES MENTAR LA DICHA. DE VERDAD QUE NUESTRA SUERTE ULTIMAMENTE CON LA “CLASE CLERIGO” ES NULA, UNA AUTENTICA CARNICERIA DE BUENOS “PROFESIONALES” DE LA MEDICINA, DE LAS DIFERENTES RELIGIONES ADEMAS, PORQUE EN ESO LOS MONSTRUOS NO HACEN DISTINCION, PURA DEMOCRACIA CAOTICA. LE RECETAMOS UN BOTE DE PASTILLAS DE “SUERTE” AL NUESTRO “CHEPUDO” DARROK, DE LA ORDEN DE LA DAMA DEL LAGO.