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Mayo 31st, 2008 at 7:00 am

Las Cronicas: “Festival de las Minas de Moria”

» by admin in: FOT AËL

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“Hijos míos, hay veces en las que hay que saber corregir los equívocos, las falsas historias, los bulos…y lo que nos cuenta Tolkien en El Señor de los Anillos, con respecto al tema de Moria, es una farsa. Aquí os dejo la verdadera historia, mucho más prosaica, terrenal y…jonda. Leed, leed…

Era la XXVIII edición del Festival Flamenco de las Minas de Moria, un evento imprescindible para todos los amantes del cante jondo en la Tierra Media. Se daban cita allí los más conspicuos líderes de las diferentes naciones: Sauron de Mordor, Denethor de Gondor, Théoden de Rohan…que siempre conversaban entre sí amigablemente, amén de echarse, después del recital, unas timbas de póker de las de bigotes (y el mentiroso de Tolkien nos los presenta como enemigos mortales, ¡jajaja!).

El caso es que, este año, había dos claros favoritos: por un lado, Dámaso, el balrog de Moria, prodigio de voz y de arte, y Gandalf, a la guitarra, que dominaba con espectacular maestría; y por el otro, nuestros compañeros de fatigas: Poli el mago, tartaja perdido menos cuando canta flamenco, que da gloria oírlo de la voz que tiene, y Avelino, al toque, manejando su guitarra con un saber fabuloso.

Aparte, pues estaban El Niño la Kobold, el cantaor kobold mariconazo más famoso; Urgmûl, caudillo orco de Rhûn, magistral en bulerías, rumbas y palos alegres; y Pepita de La Comarca, bailaora excelente.

El tribunal, compuesto por los más exigentes paladares del flamenco planetario, estaba compuesto por 4 humanos, 3 orcos, 5 kobolds, 1 dragón y 2 Uruk-Hai. Comenzó el Festival, retransmitido por palantir (ver dibujo) a toda la Tierra Media, y fueron quedando en el camino los jóvenes talentos de los que antes hablaba. A la final, llegaron los favoritos: Dámaso- Gandalf, que además jugaban en casa, teniendo el favor mayoritario del respetable, y Poli- Avelino, dispuestos a dar la sorpresa. Se arrancan los primeros con las Bulerías de Minas Tirith, tocadas con guasa y sapiencia a partes iguales; replican Poli y Avelino con los Tangos pa´l Frodo, dejando el pabellón en todo lo alto. Contraatacan Dámaso y el Mago Gris con la Seguiriya de Barad -Dûr, cosechando una ovación de gala; Poli y Avelino aguantan el envite con elegancia, con la Soleá de la Caída de Gondolin. El mismo Sauron se meó encima de gusto. Como la puntuación otorgada estaba muy igualada, se impuso otro tema de desempate: Gandalf y Dámaso se arrancaron con las Alegrías de Beleriand, en una actuación correcta pero no brillante. Poli y Lino echaron el resto con las Bulerías del Boromir Fiambre, obteniendo el favor de los eruditos (uno de los jueces Uruk-Hai, Leopoldo, fue quien mató al fulano ése a flechazos, como cuenta Tolkien).

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Bueno, pues el caso es que Lino y Poli se alzaron con la Lámpara Minera, que los acreditaban como ganadores; lo malo es que Dámaso el balrog, de proverbial mal perder, le empezó a echar la culpa del desastre a Gandalf, el cual se defendió con aspereza. La cosa llegó a las manos y, sobre el puente de Khazad-Dûm, ambos se hostiaron y cayeron p´abajo, fracturándose varios huesos (ver dibujo). La frase pronunciada por Théoden de Rohan, viendo la trifulca, sentó escuela:

- Gandalf no tiene la culpa…¡Dámaso, eres un membrillo de los cojones! (Y desde entonces, en toda la Tierra Media, cada vez que en una aventura uno de los del grupo se lía a hostias con sus propios compañeros, por los motivos que sean, se le llama Dámaso el membrillo).

Así que, historietas aparte, que no os tomen el pelo con historias de un Anillo Único, que si combates épicos, que si el balrog era malvadísimo…¡que no, hombre! ¡Que el balrog sólo era un cantaor con mala follá, y Gandalf era mejor con la guitarra que con los conjuros!. Hasta otra, Fot Aël S.”


 

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