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Diciembre 24th, 2009 at 7:00 am

Las Cronicas: Las Navidades de antaño

» by cauron in: FOT AËL


papa-noel-de-sauron

Hijos míos, en el Mundo Antiguo la Navidad no era una época de regalos y paz, sino una época belicosa, y si queríamos que nuestros vástagos disfrutaran de algún juguete, había que arremangarse…leed, leed…

En mis años mozos, Papá Noel no se dedicaba a colarse por las chimeneas el día 24 de Drêg (diciembre), para dejar regalos, no, no; se dedicaba, durante todo el año, a colarse por ellas para choricear los juguetes a los niños, dando palo tras palo; y el susodicho 24 vendía su botín a Sauron, que a cambio de una sustanciosa recompensa, disponía así de un montón de juguetes de metal que fundir y transformar en espadas, dagas o hachas, y juguetes de madera para transformar en carrozas, lanzas, catapultas…tráfico de armas, vamos. Qué bonita era la Navidad.

Prosiguiendo: estábamos todo el grupo (Evaristo el elfo, Segismundo el halfling, Hipólito el mago, Lucinio el enano, Avelino el guerrero, Saturnino el clérigo y yo), junto a la Puerta Negra de Mordor, esperando el intercambio de mercancías entre los legados de Sauron y Papá Noel; los carromatos estaban ya listos para ser entregados con los juguetes y el dinero, y Evaristo, cerebro de éstas operaciones (y de las otras), nos dividió en 2 grupos:

- Fotito, vete con Lucinio y Satur a por el dinero. Los demás, conmigo con las antorchas listas para quemar los carros de los juguetes.

Así lo hicimos, y los legados a cargo del canje no se percataron de nuestra presencia. Forcé los candados de los cofres con mi habitual maestría…y comenzó a sonar una estruendosa alarma, que puso en pie de guerra a todo quisque. Suerte que Evaristo y los demás tiraron antorchas a los carros y Poli, con mucho trabajo – pues se atascaba tartamudeando al pronunciar las palabras mágicas-, lanzó un conjuro de sueño que puso a roncar a parte de los guardias.

La confusión era total, los carromatos con el cargamento ardían y pudimos huir, si bien no con la satisfacción del botín conseguido, sí al menos con la alegría de que Sauron no tendría materia prima para aumentar su poderío. Lo malo es que los carros tirados por renos se lanzaron en nuestra persecución, y estaban tripulados por arqueros expertos que comenzaron a complicarnos pero bien la vida – Lucinio se llevó un flechazo en el culo de souvenir-. Ante la eventualidad, y dado que eran rápidos como diablos, decidimos hacerles frente, y a base de espadazos, conjuros y de hacer funcionar las ballestas, aniquilamos a los perseguidores.

- Lo malo es que no tenemos nada que llevarle como regalo a nuestros hijos o sobrinos… – dijo Satur-.

- Es cierto – replicó Avelino, apesadumbrado-.

- Esperad, creo que tengo una idea al respecto – declaró Segis-; ¿sabéis lo que se hace para salir de un puticlub si no quieres ser visto?

- Pu-pues e-emplear alguna c-capa o a-anillo de in-invisibilidad – dijo Poli-.

-Más fácil que todo eso- respondió nuestro hobbit putero-.

- ¿Disfrazarse? – aventuré yo-.

- Sí señor – me dijo Segis-; y eso es lo que vamos a hacer. Vestíos con la indumentaria de los enemigos a los que acabamos de dar matarile. Vamos a presentarnos en casa de Papá Noel como sus secuaces.

Todos nos miramos entre nosotros, comprendiendo:

- Si tenemos éxito, Segismundo, te invito durante todo el año que viene a cañas y gambas con gabardina cada vez que salgamos de aventuras – dijo Lino-.

Nos ataviamos con esas vestiduras y montamos en los trineos. Los renos, dejándose guiar por su instinto, nos llevaron volando de vuelta desde la Puerta Negra hasta Rhûn, donde resulta que Papá Noel tenía su base. Cuando vio llegar los trineos, el abuelo de la Navidad salió a recibirnos confiado y con la guardia baja:

- ¿Qué hay, mis bravos? ¿Ya tenéis el dinero de Sauron?

Respondimos a su pregunta saltando sobre él y encadenándolo, mientras yo le ponía un puñal en la garganta por si las moscas.

- ¡Suelta ahora mismo el dinero que tengas, desgraciao! – chilló Lucinio, cabreado por su dos de oros herido-. ¡Vamos a dejarte sin una moneda de cobre!

Y efectivamente; saqueamos su casa – 5.000 monedas de oro y electrum, nada menos-, y lo abandonamos a la intemperie, encadenado y amordazado. Merced a los trineos llegamos pronto a Balshad, compramos los regalos en el último momento – los almacenes abrían hasta medianoche-, y nos despedimos nada más salir; tendríais que ver la cara de mi Lutgarda y de mis hijos Elpidio, Gaspar y Evelia – todavía no habían nacido Tecla, Rosaura y Valeriano-, cuando vieron por la mañana los regalos bajo el árbol:

- Oye, Fotito, ¿cuánto te has gastado en estos juguetes y en esta estola? – inquirió mi mujer más tarde, cuando nuestros niños no nos oían, más mosqueada que un pavo en vísperas de Navidad-.

Me limité a darle un beso en la mejilla y a esbozar una sonrisa cómplice:

- Las horas extras, que me las pagan bien, mujer…

Feliz Navidad a todos. Hasta otra, Fot Aël S.


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    Fot Aël, como siempre, GENIAL.

    noara on Diciembre 24th, 2009

 

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