“Hijos míos, no penséis que todo se inventó ayer; también antes del Cataclismo teníamos nuestros adelantos e inventos, y no siempre hacía falta echar mano de la magia para solucionar las cosas…leed, leed el elenco de inventos del mundo Antiguo:
Chubasquero de asedio: éste tuve la fortuna de probarlo en persona, en un asalto a un castillo de orcos en Quintanilla del Hobgoblin. Consistía en un impermeable que te cubría absolutamente todo el cuerpo, incluso con careta para protegerte el rostro, y así, cuando los defensores del castillo nos arrojaban aceite hirviendo, tú ni te inmutabas, y además, el aceite se quedaba adherido a la tela en estado líquido, con lo que podías usarlo luego en las fritangas del rancho.
Flecha piraña: éste era un tipo de flecha muy usado por los nativos de zonas selváticas, y era especialmente temido, hasta el punto de que se dejó de usar, por tratados internacionales para humanizar las guerras. Si te alcanzaba uno de estos virotes, la punta no se te clavaba sin más, sino que súbitamente cobraba vida y te mordía hacia el interior de tu cuerpo, devorándote. Un arma criminal.
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Catapulta de tropas: un invento más bruto que un arao, no en vano lo diseñó un equipo de ogros que eran pacientes de un manicomio de Zor, el país caótico. Estas mentes iluminadas pensaron que, en el transcurso de un combate en masa, era determinante un continuo trasiego de tropas de refresco, para poder combatir bien. ¿Solución? Enviar esos soldados lanzándolos con una catapulta, al lugar donde hicieran falta. Si caían encima del enemigo, vale, pero si no…menudos refuerzos.
Saeta marica: Un tipo de saeta - flecha disparada por una ballesta, para los profanos-, que se teledirigía mediante un sistema de detectores al ojete del objetivo. Los guerreros de Obela, que ya se conocían el percal, llevaban las cotas de malla hasta las rodillas, para evitar que estos dolorosísimos proyectiles lograran su propósito. Los que no se sabían el tema…pues eso.
Manta élfica: para hacerte invisible a todas las miradas. Claro que no siempre funcionaba bien, y se te veía el plumero. Observad lo que pasaba en este caso, (video-palantir abajo).
Castillo hinchable: en Tierras Orientales hubo una época en la que el Rey, Endelecio IV, repartió títulos nobiliarios a mansalva. Como era condición sine qua non poseer un castillo para acceder efectivamente al título, se inventaron los castillos hinchables: en 10 minutos tenías tu fortaleza con puente levadizo, almenas, dos torreones, etc. Los cocodrilos del foso eran opcionales, y la tropa y la servidumbre corrían de tu cuenta. Lo malo era si una flecha kobold se clavaba en tu castillo en algún momento, o si un orco zapador tiraba del tapón…
Así que ya veis, juventud arrogante: no nos chupábamos el dedo. Hasta otra, Fot Aël S.”



































