
“La crueldad de la violencia premeditada es una valiosa arma al servicio del poder. La ciencia, la economía y la cultura pueden llegar a ser instrumentos para potenciar su rendimiento”.
El Conde esperaba, con impaciencia, los resultados de su misión. Diez años había tardado en terminar su nuevo proyecto, pero sin duda, merecería la pena el esfuerzo realizado si conseguía sus propósitos. Rojizas luces circundaban cada crisálida, otorgándoles una misteriosa atmósfera que, para otro que no fuera el Conde, sería de lo más tétrica.
-Querida Itsake, cuando mis nuevos guerreros acaben su misión, tú la culminarás con la eliminación del Príncipe Umasis y Rebecca Sillmarem. Esta parte es fundamental para conseguir la legitimación de mi Imperio -dijo el Conde.
-Será como deseéis, mi Señor.
-Eso espero, por nuestro mutuo beneficio.
-¿Acaso os he fallado alguna vez? -preguntó Itsake acariciando a las dos panteras dientes de sable que siempre acompañaban al Conde.
-Nunca, y espero que siga siendo así, porque esa es una palabra que me gustaría que fuera el nexo de unión de nuestra relación.
-Por supuesto, mi Señor.
-Es una magnífica obra de ingeniería, ¿no lo crees así? -preguntó el Conde tanteando las reacciones de Itsake.
-Es cierto, mi Señor, pero no caigáis en la fe ciega hacia la tecnología de los antiguos. Puede conduciros a la dependencia, haciéndoos más débil.
-¿Al igual que Invenio?
-Ciertamente.
-Exageras, querida -dijo el Conde acariciando a sus mascotas.
Mesala les seguía de cerca.
-Mi Señor, también la talasocracia espacial de Invenio, cuyas culturas y Estados basados en su poderío en el dominio de los espacios siderales, ha evolucionado a una sofisticada tecnocracia que inunda hasta los más lejanos rincones de los sistemas habitados. Independientemente de su evolución en nanotecnología, ingeniería molecular o cibernética, su dependencia de la tecnología es poco menos que suicida.
-Su sistema ha funcionado sin contratiempos… al menos, hasta ahora -polemizó el Conde.
-En efecto.
-Entonces, o te sometes o el sistema te destroza, ¿no? -dijo el Conde, sonriente.
-Mi Señor, Invenio y su civilización hiperdesarrollada ha incubado la semilla de la decadencia. No sobrevivirán al cambio, y tarde o temprano perecerán. Esa es una lección que hasta los Sillmarem tuvieron que aprender con su primer planeta.
-El hombre se convierte en esclavo de las máquinas y a su vez esclavo de los hombres, y éstos de nuevo de las máquinas. Curiosa forma de verlo.
-Ahí tenéis el paraíso tecnológico prometido por la ciencia, sin control, sin equilibrio -dijo Itsake viendo cómo una figura brotaba de la oscuridad y se arrodillaba ante el Conde.
-Itsake, procura no olvidar nunca que por grande que sea la capacidad de razonar de una persona, su poder, sus riquezas o su talento, nunca logrará modificar un hecho acontecido, y políticamente hablando, si eludes un hecho evidente, te envolverá sin remedio y no podrá evitarse ni con toda la tecnología del universo.
-Mi Señor, a veces pienso que estáis loco, que habláis y razonáis como un hombre carente de cordura y buen sentido, a pesar de ser, lo admito, un excepcional estratega.
-Sí, eso es cierto. Sin embargo, pienso, actuó y vivo como un cuerdo.
-¿A los ojos de quién, mi Señor? –preguntó Itsake con picardía.
-A los míos, por supuesto. La experiencia te enseñará que los mejores supervivientes suelen poseer una moralidad cuando menos… particular -dijo observando, de nuevo, las crisálidas.
-Os exponéis con ello a ser un incomprendido en vuestro tiempo.
-Querida, te recuerdo que no todos nacen con las mismas oportunidades, y que no a todo el mundo le está permitido elegir su propio camino, bien lo sabes. No me importa ser un incomprendido en mi época, y más cuando estoy tan cerca de alcanzar todas las épocas. Si la Historia pone a cada uno en su sitio, yo prefiero estar ahí cuando juzguen mi papel en este Universo.
-Espero que así sea, Señor.
-Aunque pueda exponerme a salir mal parado.
-¿Os reís de mí?
El tono de Itsake se tornó peligroso a juicio de Mesala, que se llevó la mano a su arma láser. El Conde le hizo un gesto para que se estuviera quieto ya que Mesala no comprendía el placer que experimentaba el Conde poniendo a prueba a la guerrera Homofel.
-Tengo una gran capacidad de adaptación, al igual que el resto de las especies, que para sobrevivir se adaptan a los cambios que les rodean. Cuanto más desarrolles tu capacidad de adaptación, mayores posibilidades de sobrevivir tendrás…
***CONVERSACIONES DEL CONDE ALEXANDER VON HASSLER (Sillmarem) por Gabriel Guerrero Gomez.



































