
“No existe nada que me divierta más ni que me produzca tanto regocijo y placer como comprobar a diario que no hay nada más útil y manejable para mis propios fines que la violencia del ignorante”.
-Estáis muy tenso, mi Señor –dijo Kimura mientras le daba un suave masaje al Conde-. Deberíais descansar. Las preocupaciones no son un buen alimento para el alma.
-El descanso es para los débiles y los necios.
Kimura le sonrió dulcemente, sabía que cuando el Conde estaba de mal humor, y eso era algo que últimamente se repetía con frecuencia, lo mejor era apaciguar su ánimo.
-Si no podéis libraros de vuestras preocupaciones, dejadme, al menos, que os ayude a compartirlas, mi Señor. No hay nada que me haga más feliz que haceros feliz a vos, de sobra lo sabéis.
-Gracias Kimura, eres una joya digna de los mismos Dioses, pero no entenderías por lo que estoy pasando. Parece que últimamente no hago más que recibir malas noticias, y eso me irrita profundamente, estoy rodeado de absolutos incompetentes –dijo el Conde furioso.
-Señor, si mis servicios no os complacen, podéis libraros de mí, no soportaría saber que no soy capaz de cumplir con mi tarea, si no logro haceros ningún bien, ¿que sentido tendría mi existencia?
El Conde sonrió, mirándola con una ternura desconocida, para muchos, en él.
-Ojala mis soldados fueran tan abnegados como tú, quizás así las cosas me irían mejor. Además, jamás me libraría de ti Kimura, hoy por hoy, eres lo único bueno del día.
-Me alegra oíros decir eso, aunque lamento no poder ayudaros en vuestro pesar. Me da la sensación de haceros perder el tiempo cuando no cumplo con mi cometido, vuestro dolor es mi dolor, vuestra felicidad es mi felicidad, vuestra vida es mi vida.
-¿Tiempo dices…?
-Sí mi Señor, el tiempo es un bien precioso que hay que aprovechar para que no se nos escape de las manos sin darnos cuenta. El tiempo es el que hace que las cosas sepan mejor.
-¿Eso crees? Y si el tiempo pudiera detenerse, ¿la vida no merecería la pena?
-Si la merecería Señor, pero no en la misma medida. Lo efímero de la existencia humana, es lo que nos hace valorar las cosas, no se puede detener el discurrir de la clepsidra del tiempo.
El Conde la miró intrigado.
-Entonces, según tú, si yo pudiera detener el tiempo, ser inmortal y vivir por siempre ¿sería desgraciado? ¿Acaso son desgraciados los Dioses? De que sirve conseguir el poder si no eres capaz de conservarlo, si estas condenado a perderlo al morir. Es el paso del tiempo el que nos hace frágiles, el que nos llena de miedos. Si lográsemos vencer la barrera de la mortalidad, nos libraríamos para siempre de los temores que hacen débil al hombre. La única diferencia entre un hombre y un Dios es que el primero vive atenazado por el terror a la muerte.
Parar a la muerte significa ser invencible –dijo el Conde alterado.
Kimura, por un momento, no supo que decir. Nunca había visto a su Señor de esa manera. El Conde, que siempre había demostrado una capacidad increíble para ocultar sus sentimientos, de repente, se mostraba… Asustado. Esa reacción hizo que Kimura se sorprendiera.
-Perdón Señor si os he ofendido, vos tenéis razón, yo nunca… solo quiero vuestro bien, solo eso y nada más.
La voz de Kimura sonó temblorosa. Por un instante, el silencio se hizo en la estancia.
***CONVERSACIONES DEL CONDE ALEXANDER VON HASSLER (Sillmarem) por Gabriel Guerrero Gomez.




































Las reflexiones del Conde son realmente una fotografía de la vida y la Humanidad. Un rosario de sentencias, experiencias, observaciones…que son un pozo de sabiduría.