
“Destino” (Parte 1), extracto perteneciente a “Memorias de Ekaton”. Precuela de la saga Sillmarem,
por Gabriel Guerrero Gomez.
-No… La palabra fue pronunciada con un tono de voz tan bajo, que de no ser por las largas jornadas que el joven Löthar Lakota, había pasado con su abuelo Aticus, de caza, cualquier otro no le hubiese captado su auténtico significado. Permanecían quietos, con la respiración regulada al mínimo, sus miradas fijas al frente, sus cuerpos ocultados por el blanco camuflaje de sus abrigos de pieles, perfectamente adaptados para las bajas temperaturas y alejándolos de la vista de cualquier intruso en varios kilómetros a la redonda. A no muchos metros de sus miras telescópicas, el joven Löthar tenía perfectamente enfocado a un enorme ciervo de las nieves blanco, con la cornamenta mas grande que había visto en su vida, desde luego era un hermoso ejemplar. Una calida corona de destellos anunciaba un nuevo día en las montañas del frío norte, en el planeta Herakliontes. Löthar comenzó a acariciar con suavidad el gatillo de su arma. De ello dependía su supervivencia, en las impenetrables cordilleras blancas, si fallabas, no cazabas, no comías, no sobrevivías. Con un pequeño gesto, su abuelo le invitó a abatir la pieza. Löthar estaba seguro de su blanco, sabía que era en verdad complicado fallar un disparo tan fácil, no obstante por un fugaz parpadeó se contuvo, una impactante áurea de luz amarilla, circundó al hermoso animal, enmarcándolo en un majestuoso paisaje de brillantes cúpulas nevadas recién encendidas. Era tanta la belleza repentina en aquel lugar tan inhóspito para el hombre, que a Löthar se le cortó la respiración maravillado. Algo en su interior brotó, haciéndole errar el disparo. El zumbido se apagó en la lejanía, espantando a su presa. Löthar se agitó aturdido, evitando cruzar su mirada con la de su abuelo. Este por todo comentario se alzó, echó un último vistazo al horizonte y tomó el sinuoso sendero que los conducía de regreso a la cabaña. Unos metros mas adelante, su abuelo rompió el silencio con un seco comentario:-¿Por qué lo dejaste escapar?. Era un buen tiro.
-Fallé, abuelo. Tartamudeo no muy convencido Löthar.
-No…lo dejaste escapar, dime el motivo. Insistió Aticus.
-No lo sé…abuelo. Löthar, se pasó la manga por la frente.
-¿No lo sabes?, o no lo quieres ver, ¡tu supervivencia depende de ello!. Le reprochó su abuelo con severidad.
-Por un momento, por un momento… Ni el mismo Löthar, supo que palabras usar para definirlo.
-¡Suéltalo de una vez muchacho!. Le exigió su abuelo.
-Pensé que era algo demasiado bello, para matarlo. Explicó Löthar avergonzado. Su abuelo le miró con fijeza por un instante, que a Löthar se le hizo eterno.-Entiendo. Susurró Aticus, en voz baja.
-Valorar la belleza no quita que cumplas con tus necesidades básicas de supervivencia, ambos formáis parte de un círculo mayor, el círculo de la vida, lo que haces, lo haces por necesidad tú y tu presa tenéis una función. Explicó Aticus.
-¿Cuál abuelo?. Löthar lo miró confundido.
-La transmisión de la vida, esa presa con su sacrificio perpetua la tuya, transmitiéndote su energía material, cuando tu mueras, la tierra recibirá la tuya, las plantas, los animales la volverán a recuperar…pero con una diferencia…-. Matizó Aticus, mientras revisaba su arma.
-¿Qué diferencia abuelo?.
-Tu ya formaras parte de ellos, como ellos la han formado de ti, así es la unión de todas las cosas, la unión de la vida. Explicó Aticus con serenidad.
-No te entiendo abuelo. Murmuró Löthar.
-Claro que me entiendes, por eso no lo mataste por que respetabas y valorabas la belleza de su vida. Razonó Aticus, a lo que añadió: -Es algo que has ido aprendiendo desde que llegaste a Heraklion siendo niño. Dijo Aticus.
-Siento haberte defraudado, abuelo. Se disculpó Löthar.
-En absoluto, existe un mundo donde el respeto a toda forma de vida, es su razón de ser.
-¿Te refieres al planeta Sillmarem y a sus gentes?.
-Exacto.
-Pero tú nunca me hablas de ellos. Le reprochó Löthar.
-En su momento hallarás las respuestas a todas tus preguntas. Dijo evasivamente el anciano.
-¿Por qué he de esperar?, ¿por qué me ignoras cuanto te pregunto algo?. Se revolvió un Löthar colérico:-¡Nunca me respondes!.
-¿Por qué crees que estas aquí, en este planeta, ahora, en este preciso instante?. Le preguntó Aticus encarándose a su nieto, con severidad. El chico crecía y como consecuencia comenzaba a exigir respuestas, lo cual le parecía lógico, en breve dejaría todo atisbo de su infancia. Aticus se obligó a no ser demasiado estricto con el muchacho o lo debilitaría y lo necesitaba intacto, sin temores ni oscuras confusiones inútiles.
-No lo se…en más de una ocasión me lo he preguntado. Confesó Löthar pensativo.
-¿Qué has aprendido aquí?. En este mundo tan extremo. Preguntó Aticus.
-De sobra lo sabes, me has enseñado a sobrevivir, a valerme por mi mismo, a ser independiente y autosuficiente, en las condiciones más adversas, cosa que te he demostrado en mas de una ocasión…
-¡La supervivencia se guía por la necesidad, no por la demostración!. Le censuró Aticus.
-Pero… Löthar se agitó inquieto, apretaba con fuerza su arma.
-¡¿Dime que te he enseñado?!. Le preguntó con severidad Aticus una vez más. Löthar por primera vez en su vida vió con otros ojos a su abuelo y se asustó.
-Si no respetas a la naturaleza, esta no te respetará a ti y condenaras tu supervivencia. Explicó Löthar.
-¡Despierta!, puedes hacerlo mejor ¿dime que te he enseñado aquí durante estos años?. Inquirió Aticus implacable.
-A saber quién soy, como soy, cuales son mis puntos fuertes y débiles, a juzgar por lo que uno posee en su mente y en su corazón y como lo usa en su vida cotidiana. Trató de explicar Löthar.
-Esto sin un noble propósito no sirve para nada, en su momento deberás decidir que hacer con lo que se te ha dado, podrás escoger con libertad, tomes la decisión que tomes, nadie te reprochará nada, en su momento irás en busca de tu destino. Aseguró Aticus dándole la espalda. Tantos años de duro adiestramiento, físico, psíquico, mental, espiritual, de sólida formación militar de conocimientos que solo estaban al alcance para unos pocos, como le había advertido su abuelo en más de una ocasión (Cosa que Löthar sabía). Adquiriría su significado. Pero ¿Cuál?, ¿Cual?.
-¿Cual era ese enigmático destino?, ¿justificaba ello toda una infancia de severa disciplina, entrenamiento y preparación en las condiciones mas duras?. No lo sabía y necesitaba saber, levantó la mirada y observó como el largo y fibroso cuerpo de su abuelo, ya le sacaba en la distancia una ventaja considerable, aceleró el paso, procurando limpiar su rastro. Para su sorpresa, su abuelo se tumbó cerca del barranco colindante con la cabaña del viejo Mutaka, el leñador. Aticus se giró y le hizo una discreta seña. Löthar se hecho cuerpo a tierra y se acercó gateando hasta su lado. Pendiente abajo, una inesperada escena se desarrollaba ante sus asombrados ojos. Al parecer el viejo leñador había regresado de la aldea, tras vender algunas de sus pieles, llevando en un pequeño levita-Trineo de las nieves, algunas mercancías, comida, nuevas cargas de munición, ropa y medicamentos. Su hija que nunca se separaba de él, forcejeaba en vano con un enorme desconocido, el viejo Mutaka, estaba desangrándose sobre la nieve, había sido salvajemente golpeado en la cabeza.




































he empezado a leer el “Gambito de dama” y lo cierto es que promete. A ver ese universo fantástico inventado por nuestro prosista colaborador.
Te va a gustar, ya veras. Esta bien interesante. Esperate que coja velocidad.
Mil gracias a los dos, un abrazo muy cariñoso. Se aceptan todo tipo de críticas, sugerencias, ideas y opiniones.:)