Danienlared. Lider mundial de “Dune” en español

Mayo 2nd, 2009 at 7:00 am

Sillmarem 1. “La jungla de Puline”



“Procura pensar por ti mismo, de lo contrario serás un juguete de las miserias de tus semejantes”.
Chakyn Chakiris. (El precio de la perpetuación de los egoísmos ya heredados)

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Alguien accionó un portón automático, una abertura ovoidal les mostró una riada de estrellas expandidas en el firmamento. Los vehículos levitaron con majestuoso silencio y atravesaron cientos de volcánicos kilómetros. El clima, al igual que el relieve, se transformaba a medida que avanzaban, haciéndose más espeso y húmedo. Rebecca conectó su intercom:

-Sunas, ¿Por dónde nos llevarás?
-Existen don rutas según el holoplano de vuestro banco de datos, la primera circundando las montañas nos llevaría hasta el límite de la jungla de Puline, cerca del río Dizma, la segunda ruta nos adentraría hasta las profundidades de la Jungla en el territorio de las mujeres árbol.
-¿Qué ruta tomaremos pues?
-La segunda, mi dama.
-Bien, es bueno saberlo.

Mientras pasaban por abruptos pasajes, se abría frente a ellos una densa y exuberante riada de vegetación tropical en la que apenas se podía distinguir algo, salvo los omnipresentes sonidos de la noche, captados por los sensores del transporte.

-¿Cómo se encuentra la pequeña? -preguntó Rebecca.
-Sus constantes vitales son estables, mi dama -dijo Sunas.
-Ojala su alma lo sea también, algún día -murmuró Rebecca.
-Es una niña extraordinaria –dijo Sunas que la había oído.
-Es cierto, lo es.
-Tened en cuenta que la voluntad, el criterio y los anhelos personales en el Imperio son lujo y privilegio de quienes detentan el poder, son derecho de nacimiento y de linaje, algo normal en la Interfederación, es algo desconocido para los siervos de los planetas interiores del Imperator. Desconocen por completo la igualdad, de los miembros de los clanes en Atalantika, en el que cada miembro forma parte de una gran familia con total igualdad.
-La igualdad por sí sola no basta. Igualdad en la independencia de identidad.
-¿Igualdad en la independencia de identidad? Explicaos mi dama.
-La igualdad por si sola es antinatural -afirmó Rebecca.
-¿Antinatural?
-Cada individuo nace con unos talentos propios que le diferencian del resto de sus semejantes. Pretender suprimir tal pluralidad en pro de una igualdad que anula la iniciativa individual, sólo conduce al estancamiento, empobrecimiento y extinción de la especie.
-En el Imperio seriáis tachada de terrorista.
-La ignorancia impertinente y estancada, ni ve, ni oye, ni calla Sunas. El Imperator es plenamente sabedor de lo que una inteligencia independiente es capaz de hacer, de tal manera de que si ésta, al ser identificada, no se somete a su servicio, es automáticamente machacada. ¿Lo comprendéis ahora?
-Demasiado bien mi dama, demasiado bien. No cesará en sus esfuerzos hasta aniquilarnos a todos.
-No desesperes amigo -dijo Rebecca mientras peinaban las copas de una bolsa de palmeras amparadas en la oscuridad.

Partiendo a cegadora velocidad desde diferentes direcciones, sendas lanzas luminosas, trazadas por numerosos interceptores Imperiales, brotaron de la espesura saliendo en pos de ellos, en arco descendente.

-Sunas, nos han localizado –dijo el piloto mientras sus manos bailaban frenéticamente sobre el teclado iniciando las maniobras de fuga.
-Dispersaos, nos reuniremos en el punto de encuentro A-7. Es una orden -dijo Sunas por su micrófono-. Dividámonos Rebecca, sumergíos en la Jungla, es vuestra única oportunidad. No perdáis cuidado, os encontraremos más tarde.

Una ráfaga de disparos láser desniveló la nave por unos segundos.

-¡Partid! Maldita sea vuestra sangre, nos va la vida en ello.
-Pero Siava… -dijo Rebecca.
-Solo dividiéndonos tendremos alguna posibilidad. Nosotros haremos de liebre, como dicen en vuestro mundo marino. Que el poder de la vida os fortalezca siempre princesa -con estas palabras, Sunas cortó la comunicación.

Rebecca, con ojos furiosos, siguió las rápidas y precisas evoluciones del vehículo de Sunas, percatándose de como el resto de vehículos de escolta, se desparramaban en todas direcciones, separando así a los numerosos cazas del Imperator. Innumerables fogonazos de luz y el parpadeo de las armas láser marcaron el cielo, desde todas direcciones y una lluvia de fuego y destrucción lo barrió todo a su alrededor.

Nika dirigió la moto-jet hacia las profundidades de la Jungla de Puline, detectando su radar a varios rastreadores ligeros a sus espaldas. Adivinó perfectamente la treta de Sunas, alejarles de ellos tanto como pudiesen. Alexia y Titlomes siguieron su ejemplo sumergiéndose de lleno en la densa arboleda de la Jungla, a gran velocidad, quemando con sus chorros las copas de algunas palmeras.     A su vez, y tomando la dirección opuesta, los propulsores de la moto-jet de Nika y Rebecca, expulsaron dos enormes chorros de fuego.
-Los tenemos demasiado cerca -dijo Nika.

Rebecca se permitió echar una temerosa mirada por encima del hombro de Nika. Aquellos malditos rastreadores ligeros se les acercaban más y más, disparándoles incesantemente. El rojizo círculo de sus puntos de mira debía estar parpadeando furiosamente, en tanto el piloto se esforzaba por encuadrarles para hacer blanco sobre sus cabezas.

Nika se esforzaba desesperadamente por quitárselos de encima, haciendo un alarde de pericia, sorteando con cerradísimos giros y fintas cada roca, tronco, palmera y matorral que se interponía en su camino. La pantalla de la computadora de a bordo les señalaba la ruta a seguir más despejada posible y las gafas de visión-3D de Nika, le guiaban eludiendo los obstáculos con una anticipación de milésimas de segundo.

Sabía que estaba poniendo la máquina al límite de su capacidad operativa con los motores al rojo vivo. Rebecca apretaba fuertemente los brazos alrededor de su cintura, comprobando como, con su pericia en el manejo del aparato, se esforzaba por no estrellarse contra la espesa alfombra de matorrales y por no saltar en mil pedazos humeantes, esquivando aquella lluvia de descargas láser.

Sintieron la peligrosa vibración del vehículo por los múltiples impactos de troncos y ramas. El casco debía tener más de una fisura, la coraza de fuerza de protección estaba prácticamente agotada. Nika podía sentir muy de cerca los crujidos, Rebecca también, cerró los ojos y se agarró de Nika fuertemente.

El casco, conectado a la computadora de navegación de a bordo, les señalaba, gracias a los sensores de proximidad, la ruta más segura y despejada a tomar. Un dentado desfiladero se abría ante ellos, sus zigzagueantes maniobras eran cada vez seguidas más de cerca, otras serpenteadas cadenas de disparos bailaron a su alrededor, mordiendo toda la vegetación a su alcance.

Entre rizos y violentísimos giros, Nika buscaba un agujero, una rendija por la que fugarse para dar esquinazo a los cazadores. Un certero disparo arrancó un espeso penacho de gas, humo blanco y nubes de chispas en la cola de su moto-jet, balanceándola peligrosamente a ras de suelo. Trazaron un tirabuzón en el aire y frenaron en seco, haciendo que sus cazadores pasaran de largo.

Nika aprovechó su única oportunidad apretando con fuerza los disparadores laterales y sembrando de muerte lo que había delante de él. Un trasladador se agitó con fuertes convulsiones, impactando contra una colina rocosa, en tanto la otra perdía el control, aterrizando forzosamente sobre la arboleda tropical, emitiendo definitivamente tras un agudo y ensordecedor silbido, una violentísima serie de estallidos. Una retorcida columna de humo negro, se elevó al aire, prendiendo las hojas y matojos a su alrededor.

Nika amortiguó la velocidad. La fuente de alimentación del vehículo, comenzaba a perder fuerza, debía haber una fuga en el depósito de combustible. Atravesaron la espesa bóveda de la Jungla de Puline, percibiendo como una masa de árboles, se precipitaba hacia ellos, en tanto tomaban tierra, quebrando todo tipo de ramas y hojas. La burbuja de protección externa de la moto-jet, se resquebrajo saltando en mil pedazos cristalinos, una fuerte colisión que arrancó a Rebecca del vehículo mientras Nika saltaba, viendo como el vehículo se convertía en una bola de fuego, para después perder el conocimiento.

Unos minutos más tarde, entre la maleza, Rebecca se esforzaba por mover un brazo. Dolorida, despegó los parpados sintiéndose aliviada al comprobar que el resto de su cuerpo no adolecía de ningún hueso roto. Tanteó, con las yemas de los dedos, la hierba silvestre, palpando el correaje descosido de su inapreciable mochila, tiró de él con suavidad e inspeccionó su contenido, expulsando más tranquila el aire cuando vio que todo estaba intacto.

Sentía que su cuerpo protestaba ante los múltiples cortes y arañazos que la cubrían por completo. Nika recobró el conocimiento, llevándose la mano a la frente. Le dolía insoportablemente la cabeza, pero estaba vivo y entero, era lo único que le importaba, pero, ¿Rebecca? A unos metros, vio a alguien moverse trabajosamente, se levantó mareado, caminando entre todo aquel espeso mar esmeralda de vegetación, patinó y cayó de rodillas, comprobando, apenado, como del vehículo, solo quedaban las cenizas carbonizadas.

-¿Rebecca?
-Sí, aquí.
Nika se acercó y la ayudó a incorporarse entre jadeos y gemidos. Tenía una pequeña brecha en la frente.
-Lo logramos. Ahora, ¿qué demonios vamos a hacer? -dijo Rebecca.

Sus labios se crisparon con una mueca de dolor, algunos miembros de los cazadores, carbonizados, yacían desparramados en los lugares más inverosímiles. Rebecca observó, aún aturdida, que una cabeza seccionada con el casco de protección ennegrecido y salpicado de algunas pulpas de masa encefálica, fue a parar no muy lejos de ella, rebotando contra un tronco, con sus gafas de seguimiento todavía enfundadas.

-Esta Jungla, parece no acabarse nunca -se lamentó Rebecca indagando los alrededores. Una nubecilla de palpitantes mariposas, revoloteo a su alrededor, sorprendiéndola gratamente.
-Un auténtico infierno verde -dijo Nika alzando el mentón y observando un exuberante matorral.
-Debemos encontrar un refugio para pasar la noche.
-Mi mochila debe estar en alguna parte -dijo Nika ignorándola.
-¿Y el vehículo? -preguntó Rebecca.
-Hecho cenizas, una pena, era un bonito cacharro. Tendremos que buscar alguna ruta –dijo Nika-. ¿Dónde está el holoplano con el punto de encuentro?
-No será necesario, lo memoricé.
-Gracias a ellos.
-¿Y a mí?
-A ti también, tonta.
-Creo que cerca de aquí algo se mueve, un ruido de… Vayámonos.

En la distancia el sonido de propulsores, se perdía hasta difuminarse con los inquietantes ruidos de la jungla.

-Parece que los hemos despistado. Ojala los demás corran la misma suerte -dijo Rebecca.
-Por ahora sí, solo por ahora.
-Que la dama luminosa de Sillmarem te oiga -susurró pensativa Rebecca, viendo moverse furtivamente algo entre las ramas.
-Mujeres-árbol -murmuró sorprendida.

El hábil movimiento de sombras, cual ilusiones intangibles, atrajo su atención, manteniéndose inmóvil. Nika, a su lado, deslizó la mano muy cerca de la cartuchera de su arma, sin llegar a tocarla. Estaban en su territorio.

Hubiera jurado, que los relatos que le habían contado no eran más que viejas leyendas para niños, pero estaba equivocado y, asustado barruntando el desenlace de aquel inesperado y fortuito encuentro con el pueblo de las mujeres-árbol. Esbeltos cuerpos se fundían y camuflaban, arropados por las sombras de troncos y espeso ramaje del bosque. Mitad ninfas, mitad guerreras, tienen el aspecto de criaturas inocentes, apasionadas y glaciales, pensó Rebecca.

La percepción especial que los Itsos le habían otorgado le permitió interpretar el extraño idioma de las mujeres árbol. Un gesto de una de ellas, les invitó a seguirlas. Nika miró a Rebecca y ésta asintió en silencio, pudiendo sentirlas deslizándose silenciosamente a su alrededor. Las mujeres-árbol les guiaron hasta un pequeño claro, para desaparecer después sin dejar ni el más mínimo rastro.

A Rebecca le pareció oír algo entre la maleza, se giró bruscamente y vio como un matorral se agitaba pisado por una pie. Nika desenfundó su arma, apuntando al inconfundible rostro de Demetrius que, les saludó con una reverencia.

-Por todos los diablos, sois vos… -dijo Nika, en tanto Demetrius sin dejar de sonreír miraba fijamente el arma.
Nika la bajo rápidamente.
-Ruego me excuséis, mi Señor.
-Me alegro mucho de veros queridos amigos -dijo Demetrius.
-Mi corazón se regocija al veros sanos y salvos -dijo Alextos saludando a Rebecca. El resto de cadetes se inclinaron haciendo una respetuosa reverencia.
-Debemos movernos deprisa, están muy cerca -dijo un cadete.
Utilizando el código de silencio parcamente Alextos le explico la situación a Rebecca.

<<Hemos tenido más de un problema hasta llegar aquí, mi dama>>.
<<¿Los guías de Varinia son de confianza?>>.
<<No perdáis cuidado, son hombres escrupulosamente escogidos por Demetrius, mi dama>>.
<<¿Y el resto del planeta?>> -preguntó Rebecca con el discreto signo de manos.
<<La situación en un caos. Habían planeado su conquista. Estoy seguro de que tienen aliados en las altas esferas de la Interfederación, poseen demasiada información. Demetrius me lo ha confirmado, todo Andriapolis-Alpha es un infierno a punto de explotar, están masacrando a la población por millares>>.

Súbitamente, Rebecca inclinó la barbilla ante la aparición de Yassu y los demás, Pericles y su hermano, el resto de cadetes y guerreros que se dejaron guiar por los hombres de Varinia por un estrecho sendero. Anduvieron a frenético ritmo entre el ramaje, el avance era tortuoso e incómodo con el casi perenne hostigamiento de los insectos de la Jungla.

-Preparaos mi dama nos aguarda un buen trecho aún -sugirió Alextos, inspeccionando sus equipos-. Hay brigadas de asalto Imperiales buscándonos como pirañas buscando un trozo de carne cruda.
-Esta vez no buscan prisioneros, quieren sangre fresca -dijo a sus espaldas unos de los cadetes más jóvenes.

Pronto sentirían los estragos del calor, un calor húmedo y asfixiante que se les metía por el cuerpo abotargando los sentidos. La noche se les echaba encima con traicionera e impenetrable rapidez, espesándose las formas vegetales entre sombras lejanas.

Rebecca sabía, que para poder tener una alta eficiencia en combate, debían llevar a rajatabla sus conocimientos y directrices sobre la Jungla. Pudo ver que los cadetes se preparaban minuciosamente, pensando con sumo cuidado, en lo que hacían, dispuestos para reaccionar ante cualquier emergencia. Alextos le tiró de una manga suavemente.

-Protegeos toda la piel que podáis dama azul, procurad tener el menor contacto posible con la vegetación ya que tanto las espinas venenosas como la savia de algunas plantas y parásitos, pueden ser fatales. Cada dos horas tenéis que comprobad, sin ningún pudor, vuestras entrepiernas y demás partes del cuerpo porque un picotazo y una infección aquí, en la Jungla, creedme no sería nada agradable para vos -dijo Alextos.

Rebecca asintió en silencio, pensando en el término empleado para llamar su atención sin olvidar su estatus, Dama azul. En Sillmarem solo se atribuía tal término a una princesa elegida por el pueblo, una princesa de los mares de Sill, una legítima hija de las aguas.

Extracto perteneciente al capítulo 42 de Sillmarem Libro I: Gambito de Dama.
“La Jungla de Puline.”, por Gabriel Guerrero Gómez.


 

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