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Junio 29th, 2009 at 7:00 am

Sillmarem III. “La Cripta”



“Nos obligan a vivir como no queremos vivir, nos obligan a pensar como no queremos pensar, nos obligan a ser como no queremos ser. No queda otra salida: Luchar o morir sin estar muerto, vivir sin estar vivo, en una oscura e interminable esclavitud de silencio y oscura desesperación”.

Stephan Seberg (La libertad de un pueblo, es la libertad de poder elegir qué camino tomar, sin coacción alguna).

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Es un adelanto perteneciente a Sillmarem Libro 3: ¿Jaque mate?. Capitulo 20. “La Cripta”.
Por Gabriel Guerrero Gómez.

CAPITULO XIII. LA CRIPTA.

Muy contrariamente a como se concebían en otras culturas humanas, una Crapnia o Cripta Corlarida, no era un lugar para enterrar a los muertos, más bien al contrario, en cierto modo era un sitio para reunirse con ellos. Los Corlaridas poseían un insólito sentido de la existencia. La muerte no era el final del recorrido, tan solo una fase más, en las interminables evoluciones de la vida. Unumgel sabía que estaba en el camino, de hallar una solución para ayudar a los humanos, pero aún le quedaba un difícil sendero por recorrer.

Con los gráciles movimientos propios de su raza, descalza, se deslizó escaleras abajo a la Crapnia de sus ancestros, en el lugar más profundo de sus aposentos personales. Lejos de parecer un lugar sórdido y oscuro, era sin embargo, confortable, iluminado, acogedor y especialmente habilitado para el recogimiento y la unión interior, de las esencias más íntimas de los seres amados y su persona.

En el idioma Corlarida era “la Amnia”, la unión y contacto de las almas que desean reencontrarse de nuevo, temporalmente en este mundo. Hileras de hermosas capsulas de cristal tallado, en los más vivos colores, flotaban a ambos lados de la cámara, guardando en su interior, hermosas escenas familiares, rostros conocidos y añorados, recuerdos, experiencias, colores, delicadas fragancias de días hermosos, viejas historias impresas en cristal resplandecían alrededor, desplegando un enigmático aura rosado.

Nueve arboles de cristal rodeaban la cámara, eran los arboles de sus ancestros, una manifestación física de las etéreas esencias que custodiaban en su interior. El tintineo de sus ramas, evidenciaba sus “Gerens”:Las lagrimas de cristal generacionales, de sus familiares, contenían la esencia de cada antepasado suyo, desde los primeros días en que los pueblos Primigenikos habían encontrado un lugar donde vivir y progresar, hasta ese preciso instante. Unumgel adoptó la posición de flor de loto, acomodándose en el mismo centro de la Crapnia, de su cristalizado bosque familiar.

Cerró sus parpados, sumiéndose en una profunda concentración, sus manos resplandecieron, parpadeantes en un principio y terminaron por iluminarse. A continuación, un haz de luz de sus dedos índice y corazón de la mano derecha, partió, derritiendo una determinada lagrima de cristal escogida por su pensamiento, de las miles que destellaban en aquellas ramas petrificadas en cristal, haciendo que adquiriese forma líquida y se desplazase a lo largo de un delicado tallo, para finalmente gotear a la entrada de una vaina y manifestar así luminosamente su tan preciado, como amado contenido.

Tras recoger, tan preciosa lágrima de cristal, la compacta y alargada vaina de brillantes entonaciones, con cristalinos gravados Corlaridas, ubicada frente a Unumgel, se partió en dos cual semilla unida como un par de caparazones esféricos.

Los cuales al abrirse, mostraron dos pulidas cavidades con rizados hilos cristalinos colgando, del que emergieron con radiantes destellos dorados, las intangibles siluetas de los anteriores monarcas de Corlaria y padres de Unumgel. Araneyia su madre y Urnom su padre. Unumgel usó las rituales palabras de la Arcarelia: “La llamada Corlarida”. Palabras rituales para la iniciación y contacto de un Corlarida con un amado antepasado o ser querido.

-No soy nada.
-No sé nada.
-No quiero, ni anhelo ser nada.
-Venid a mí, os lo ruego, venid a mí.

Un cegador resplandor, inundó el recinto envolviendo a Unumgel una cálida sensación de seguridad, cariño y protección. En el interior de la vaina abierta de par en par, transversas vetas luminosas como criaturas inmateriales, manifestaban la esencia psíquica de los patrones de consciencias, de sus padres. Unumgel visualizaba una proyección psíquica, de los Espíritus-identidades de sus padres, conocidos por los Corlaridas como Epsicos.

-Se bienvenida hija mía, a este apartado santuario del recogimiento y la soledad, tiempo hace que tu padre y yo no disfrutamos de las bellas entonaciones de tu voz Unumgel, amada nuestra. Susurró con suavidad una voz. Una sonrisa feliz, surgió en los labios de Unumgel: -Mi corazón se regocija, al reunirme de nuevo con vosotros queridos y amados, padre y madre.

-Hace ya tanto tiempo…desde la última vez estuvimos contigo, hija mía. Murmuró la delicada voz con cariñosa entonación.
-Cierto y lo lamento de veras, aunque bien sabéis que siempre os llevo conmigo, no solo en mi gema-mente, si no en mi corazón. Murmuró Unumgel sintiéndose de nuevo como una niña, en verdad hacía de ello tanto, tanto tiempo.

-Y dime hija mía ¿qué es lo que te inquieta? Lo que turba tu miente y tu espíritu con tan oscuros pensamientos…El Epsico de su madre Araneyia, su nombre traducido de la lengua Corlarida significaba “Destello Estelar”, había sondeado sus patrones neuro-psiquicos, detectando e identificando sus temores más profundos.

-Tengo miedo madre, quedamos ya tan pocos, nuestra estirpe desaparece y nuestro pueblo está en triste decadencia, ¿A dónde irá a parar nuestro saber?, ¿A dónde irá a parar la belleza de nuestras vidas? ¿A dónde irán a parar los preciosos tesoros de nuestras-gemas mentes? Si desaparecemos, ¿se perderá toda esta belleza sin más? Preguntó Unumgel con una profunda congoja en su ánimo.

-Hija mía, no puedes apropiarte de lo que no te pertenece, lo que la vida te otorga en su momento, la vida te reclamará para obtener un bien mayor, pero sí puedes transmitir y compartir tu sabiduría con aquellos que más lo necesiten y que verdaderamente anhelen hacer el bien con este saber, hazlo, compártelo, no lo dudes. Aconsejó Su madre.

-Pero dinos Unumgel, ¿cuál es la fuente de tan amarga desdicha?, no es propio de ti, amada hija. Preguntó la autoritaria voz de su padre Urnom.
-Un grupo de humanos, ha rebasado nuestras fronteras, solicitando desesperados nuestra ayuda. Explicó Unumgel con sencillez.

-¿Humanos?, como nuestros antepasados…
-Poseemos raíces comunes, pero no somos iguales…Aclaró Unumgel.
-Pero partimos de orígenes semejantes, no reniegues de tu ascendencia humana, puesto que un día fuimos como ellos. Le recordó Urnom.

-No lo haré padre. Aseguró Unumgel con humildad.
-¿Y cuál es el mal que les afecta, a esos humanos?. Preguntó Araneyia.

-Los Koperian parecen haber resurgido de nuevo, de algún ignoto lugar, sus descendientes amenazan su supervivencia y mucho me temo que la nuestra también…Se lamentó Unumgel.
-Esa raza maldita, debía haber desaparecido hace mucho tiempo, los creímos extinguidos. Observó Araneyia.

-Parecen ser muy numerosos y parecen haber hecho pactos con algunos humanos, para su propio beneficio. Señaló Unumgel.

-Ten por seguro esto hija mía, si los Koperian pactan con los humanos será solo temporalmente, hasta obtener lo que necesitan, para después someterlos bajo su dominio, son utilitaristas y conquistadores. Le aseguró su madre Araneyia.
-Lo sé, no olvido el profundo dolor que nos causaron antaño…
-¿Deseas ayudar a los humanos?

-Bien sabéis, que no podemos intervenir en los asuntos de los hombres y no podemos detenerles…somos espirituales, al igual que los Itsos son contemplativos, del Universo-vida. Le recordó Unumgel.

-En tu frente, portas el manantial de sabiduría de generaciones de tu raza, úsalo con prudencia y encontraras nuevas salidas…Le sugirió el cálido rostro de su madre.
-Pero no podemos enfrentarnos a ellos, no podemos vencerles…Señaló Unumgel desesperada.

-Que tus temores te sirvan y no te dominen, será el primer paso a seguir en el camino de la salvación de tu pueblo y puede que la de los humanos. Le sugirió su padre Urnom.
-Pero como… ¿cómo?

-Puede que no sea tu función vencerlos, pero si encontrar la forma de que otros lo hagan, como lo hicieron en el pasado…hija mía. Explicó su padre Urnom.
-Os réferis a los Itsos, pero ellos no intervienen en los asuntos de otras razas, esa es su ley, su forma de vida. Se lamentó Unumgel.

-Los que vencieron una vez, volverán a hacerlo…insistió Urnom.
-¿Cómo lograron los humanos dar con nuestro mundo Unumgel?. Le preguntó Araneyia.

-¡Los Itsos! Les indicaron el camino. Recordó Unumgel en voz alta.

-Hace mucho tiempo, que nada sabemos de ellos. Añadió Unumgel apesadumbrada.
-Sin embargo, al parecer ellos si se acuerdan de nosotros…un vinculo de hermandad nos une a ellos todavía…si han ayudado a los humanos, significa que un pacto de agradecimiento, les une a alguno de los de su raza humana. Ignoro cómo pero así debe ser…aunque no lo creas en cierto modo ya han intervenido. Observó Araneyia.
-¿Y cómo obtendré su ayuda? Preguntó Unumgel.

-Solo uno de ellos posee la potestad para concederte su ayuda, la Gran madre Itso, si obtienes su consentimiento, el resto de su pueblo la seguirá. Observó su madre.
-Pero como…
-La respuesta está en los Itsos, solo la Gran Madre Itso puede ayudarte ya…
-Entonces, me pondré en contacto con ella, aunque no sé si me responderá…
-Nos obstante, no olvides que los humanos deben aprender a valerse por sí mismos, puedes ayudarles, pero no vivir sus vidas. Le recordó su madre.

-Pero no están preparados, para superar esta amenaza.
-Hija mía nadie lo está, que la sabiduría guie tus pasos hija mía y no olvides, que nos veremos en esta vida o en la otra, nuestro amor siempre estará contigo y los tuyos, Amnevalie hija mía.

-Amnevalie Padre y madre. Terminó por decir Unumgel tras ver desaparecer, las frágiles siluetas de sus padres, no sin antes percibir como dos blanquecinas chispas de sus Epsicos, partían de las frentes de sus padres y levitaban hasta fundirse en su gema-mente, para esparcirse interiormente, fundiéndose por todo su ser, transmitiéndoles su amor y confianza.

Reconfortada, Unumgel se alzó con decisión y con paso presto, se dirigió a sus aposentos, para posteriormente tratar de contactar con la única criatura, capaz de ayudarle a vencer a los Koperian, la Gran Madre Itso.


 

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