” Cuentan que había una vez un monje llamado Yang que, cada vez que practicaba sus ejercicios de meditación, era interrumpido en mitad del trance por una gigantesca araña. El animal bajaba desde el techo, balanceándose sobre su tela, y se empeñaba en caminar sobre el cuerpo del monje
hasta que el no tenía más remedio que interrumpir su meditación para ahuyentarlo.
Preocupado por la situación, fue a ver al maestro del templo para contarle lo que ocurría y pedirle consejo. No quería dañar al insecto, pues era parte del gran cosmos, pero tampoco podía dejar que continuara molestándole en todas sus meditaciones.
El maestro permaneció en silencio unos minutos. Parecía estar considerando la situación. Luego dijo:
-La próxima vez que te dispongas a meditar, llevarás contigo un frasco de tinta y un pincel. Cuando la araña aparezca, le dibujarás un círculo en la panza. De ese modo sabremos qué clase de monstruo es.
-Así lo haré, maestro -dijo Yang, a pesar de que no entendía el fin de todo aquello.
Al día siguiente, y como hacía habitualmente cuando se disponía a meditar, Yang se sentó en su manto y dejó a su lado la tinta y el pincel. Al cabo de media hora de meditación, apareció la previsible araña.
Haciendo un gran esfuerzo de concentración para no romper el trance, Yang cogió el pincel y, con un trazo ágil, dibujó un círculo negro en la panza de la araña. Al instante, el insecto volvió a subir al techo para luego desaparecer y el monje Yang pudo terminar su meditación. Después, fue a ver de nuevo a su maestro para agradecerle su ayuda.
-Maestro, hice lo que me dijiste y funcionó.
¡Es notable tu conocimiento de la naturaleza animal! -exclamó un jubiloso Yang.
-¡Oh! -respondió tranquilamente el maestro. No es la naturaleza animal la que conozco bien, sino la naturaleza humana.
Y diciendo esto señaló con su bastón hacia el abdomen del monje Yang quien, al mirarse, descubrió sorprendido el dibujo de un círculo de tinta negra en su abdomen.”
En muchas ocasiones creemos que lo que nos impide conseguir determinado fin, movernos en determinada dirección o emprender determinada tarea está en el exterior: “los demás no me dejan”, “las cosas no se dan”, “tengo mala suerte”…
La mayoría de las veces, sin embargo, somos nosotros mismos quienes nos interrumpimos, quienes no nos atrevemos a ir más allá, quienes nos ausentamos de los lugares que desearíamos ocupar.Podríamos decir….que no nos respetamos a nosotros mismos.




































Muy buena la historia, y bien contada e ilustrada. Dentro de poco tendremos que ir colgando cosillas del Tarot, que estoy aprendiendo, y es un mundillo por descubrir y hay montonazo de cosas que contar.
Muy chula la historia y de lo mas significativa, la ilustración es muy bonita.:)